Cine para adultos: Y resulta que eran personas

A finales del año 2020 el mayor portal de “cine” para adultos en la red retiró el 76% (10 millones) de sus vídeos y tanto Visa como Mastercard rompieron relaciones con ellos. ¿La causa? Un artículo en The New York Times de­nunciaba la presencia de menores, abusos y toda una ris­tra de desastres legales y morales. Parece ser que eran per­sonas y no personajes. Esto era conocido, había sido de­nunciado y lo habían negado.

El sexo es parte de la vida y como tal el cine cuenta con ello. Además de la calidad técnica es necesaria una éti­ca de la representación, como se muestra en series re­cientes como Manhunt (Filmin) y Honor (Filmin), que tra­tan temas muy difíciles -delitos sexuales violentos- sin mostrar imágenes innecesarias para la narración; o la es­pañola Dime quién soy (Movistar), donde la protagonista tiene abundantes relaciones y te enteras perfectamente gracias al uso del lenguaje cinematográfico, que cuen­ta lo que ocurre sin necesidad de sexo explícito, y se alía con la inteligencia del espectador.

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También en 2020 Hayley Squires (Yo, Daniel Blake) pro­tagonizó la miniserie Adult Material (Filmin), donde da vida a una treintañera que se debate entre su per­sonaje de películas pornográficas (Jolene Dollar) y su persona como madre de familia (Hayley Burrows). El guion es sincero en su mayor parte. No pretende ser di­dáctico y hace pensar, que siempre se agradece. La rea­lidad es que Jolene es una triunfadora y Hayley una mu­jer alcohólica, con rasgos histriónicos de personalidad, que ha sido violada en varias ocasiones y que sufre estrés postraumático, cuida de su casa y educa muy mal a sus hijos.

Pone el dedo en la llaga como ya lo hizo el documental de Jill Bauer y Ronna Gradus, Hot Girls Wanted (Net­flix), que describe la trayectoria, personal y “laboral”, de diversas actrices porno. Cuando se estrenó en Sun­dance, algunos críticos se enfadaron porque ya estaban hartos de que alguien les recordara que este problema existía, que era mejor dejarlo estar y mirar para otro la­do. ¿Perdón? ¿Es que no nos queda conciencia social, éti­ca y responsabilidad personal como comunicadores? Que tú no lo veas, no significa que no exista, dice un per­sonaje en Adult Material.

Mientras que por cada película que se produce en Hollywood se produzcan 27 películas pornográficas no podemos dejarlo estar, porque detrás de esas actuaciones hay muchas personas sufriendo, como denuncia Ismael Ló­pez Fauste en su libro Escúpelo: crónicas en negro so­bre el porno en España. Aunque se diga que quien se de­dica a actuar en estas películas lo hace porque quiere, pa­rece que no todos -y sobre todo no todas- tienen elección, solo algunas. ¿Cómo han llegado hasta ahí? ¿Era eso con lo que soñaban personalmente de pequeñas?

Jolene es el personaje que oculta las carencias, heridas, traumas y abusos recibidos por Hayley. Tanto en las pe­lículas referidas más adelante como en Adult Material se muestra bien cómo se ven movidas de forma inconsciente en el trián­gulo Víctima-Agresora-Salvadora. Hay­ley fue víctima en primer lugar, y después va cambiando de posición se­gún las circunstancias le movilizan: se agre­de a sí misma, a la familia y a los compañeros de tra­bajo; intenta ser la salvadora de una actriz debutante, lo que genera que vuelva a ser víctima de su pareja, de la industria y el sistema; lo anterior le lleva a buscar sal­vadores fuera de ella misma, pero no son eficaces y vuel­ve al papel de víc­tima.

¿Son personajes o personas? ¿Es solo ficción? Durante años se ha caído en la trampa de llamarlo “entretenimien­to para adultos”, como si hicieran un crucigrama, o de pen­sar que “solo” eran unas imágenes subiditas de tono en modo Instinto básico. Quien consume porno no es un per­sonaje de ficción, es una persona real cuyo sistema ner­vioso responde, como explica uno de los proxenetas audio­visuales a la hija de Jolene cuando le dice que no de­be empezar a fumar, que su cerebro es como plasti­li­na. Algo parecido puede ocurrir con la pornografía, co­mo están mostrando las últimas investigaciones cientí­fi­cas y divulga la plataforma www.daleunavuelta.org.

Pero el cine comercial, que refleja la realidad, no es aje­no a esta problemática que muestra en Shame (Steve Mc Queen, 2011), Amor sin control (Stuart Blumberg, 2012) o Don Jon (Joseph Gordon-Levitt, 2013). Las tres, con un reparto de altura, reflejan bien la problemá­ti­ca de personas normales que quedan atrapadas en algo que está diseñado para generar salud y felicidad, y que al­gunos capitalizan y mercadean sin considerar que a am­bos lados de la pantalla hay personas.

Así, la Unión Europea ha indicado que no podemos de­jarlo estar y que todos los países miembros deben tener una ley audiovisual que proteja a los menores del acce­so a estos contenidos. En España está pendiente, ya he­mos sido multados por ello, y se espera que se haga du­rante el año 2021. Diversos profesionales y activistas han informado a la ministra Nadia Calviño de la necesidad de que se apliquen las medidas más estrictas para que no se puedan emitir estos contenidos en horario in­fantil, que las plataformas lo indiquen expresamente y tengan apartados específicos, que los medios de ayuda pa­rental funcionen bien. ¿Protegeremos a los menores de que series como Élite o Sex Education incluyan imáge­nes pornográficas?

Esperemos que venza el cine y que triunfen las perso­nas.

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