Festival de Cannes 2021

Fernando Hdez. Barral está un año más en Cannes como corresponsal de FilaSiete. Nos cuenta el día a día del Festival más importante del mundo

A Hero (2021)
A Hero (2021)

Festival de Cannes 2021

Crónica del día 7: La mar es femenino singular

Tal vez lo que distingue con más fuerza al cine y la literatura sea la capacidad de ésta última de «intimar». El camino de las adaptaciones está plagado de intentos de apasionados lectores de novelas que, sin embargo, a duras penas entregan películas cálidas como los materiales que adaptan. Y es que en ocasiones los problemas estructurales o de economías agotan a los creadores que nadan para morir en la orilla.

Todo lo anterior afecta a La historia de mi mujer, una adaptación de Ildikó Enyedi de la novela homónima publicada en 1947 por el escritor húngaro Milán Füst. Se trata de una película cuyo clasicismo constituye una grata sorpresa; los valores de producción -mención expresa para el diseño de producción de Peixota– son notables.

El guion también toca temas muy interesantes como la conciencia o la infidelidad; es un filme de dos horas y media de duración que, sin embargo, no parece haberse excedido en el metraje. Sin duda el texto tiene cosas que decir a las audiencias actuales y, a pesar de su romanticismo desaforado, nunca suena fuera de época.

La historia de mi mujer (2021)
La historia de mi mujer (2021)

La premisa es apasionante. Un capitán de barco mercante (Gijs Naber), con problemas de salud, decide casarse con la primera mujer que cruce la puerta del restaurante donde está almorzando. El capitán Storr tiene suerte pues no es una cualquiera, se trata de la bella Lizzi (Léa Seydoux). Como buen marino el capitán se deja llevar por las corrientes del destino, pero pronto sabrá que abandonarse al azar no siempre trae alegrías.

La historia de mi mujer es un filme muy controlado que tal vez pedía un tratamiento distinto, más libre y arriesgado. A veces, que un personaje llore en la pantalla no se corresponde a una reacción emocional similar de la audiencia, queda sin embargo una película de calidad cuya historia se cuenta muy bien. La historia de mi mujer no tiene nada que envidiar nada a las adaptaciones que ofrecen otras cinematografías.

Una vez más, Asghar Farhadi ha robado la competencia. Su película es, con mucho, lo mejor del Festival de Cannes 2021. Farhadi vuelve a lugares conocidos, la culpa y la redención. Su filme A Hero ofrece un dilema moral como solo él sabe hacerlo. No hay cinismo ni medias verdades, todos los lugares del cine de Farhadi llevan a un conflicto fuerte que vertebra la ficción.

Tralala (2021)
Tralala (2021)

Por último, la película francesa del día fue Tralala, un musical de los hermanos Larrieu con Mathieu Amalric -omnipresente estos días- que cuenta con canciones originales. La premisa no es mala pero la película se alarga, y la búsqueda de un padre por parte de una niña de diez años se convierte solo en una premisa.

Crónica del día 6: Polar

Sigue la resaca de The French Dispatch, de Wes Anderson, una película que es hija espiritual del Festival. Sin duda el realizador tenía razones para emocionarse al recibir la ovación del público presente en el estreno. El filme es muy andersoniano -episódico, digresivo-, lo cual no deja de ser también muy francés: aquellos modos eran también los de la Nouvelle Vague.

Anderson es un postmoderno reconocido que dota de humor al diálogo con la tradición. Su cast, los Murray, Swinton, Chamelet se prestan al juego. Es un filme brillante, aunque ciertamente difícil de disfrutar si no se conocen los referentes cinéfilos.

The French Dispatch (2021)
The French Dispatch (2021)

Para entender la programación del Festival de Cannes 2021 es necesario conocer la potencia de la industria cinematográfica francesa. Los filmes nacionales se incluyen atendiendo a los intereses de los distribuidores y el gran concurso internacional tiene mucho que ver con los planes de negocio de los agentes de ventas.

Por eso una película como Aline, el biopic de Céline Dion producido por Gaumont, ha sido lanzado fuera de competición pero con un gran despliegue publicitario. Dion es una cantante joven -53 años-, por eso el filme no cuenta “una vida” sino que se centra más en los antecedentes familiares de la artista quebequesa -es la pequeña de una decena de hermanos y nació en una familia de fuertes convicciones católicas-. Después pasa a narrar la gran historia de amor de la cantante con su manager, el padre de sus hijos y de su carrera artística.

El filme es ligero y se ve con agrado gracias a una banda sonora excelente. La directora Valerie Lemercier toma decisiones curiosas en algunos ámbitos de la puesta en escena –casting, tono- pero sale bien parada del embite por lo simpático de la propuesta. Aline deshecha los lugares oscuros en el relato de la biografiada, pero también se ríe de los lugares comunes del biopic clásico de cantante pop. No hay drogas, no hay un “lado oscuro”; se trata de la historia de un personaje que siempre ha sabido lo que quería pero tuvo que conseguir que los demás participaran de su sueño.

BAC Nord (2021)
BAC Nord (2021)

BAC Nord es un polar -policiaco galo- trepidante basado en hechos reales. Recuerda un poco al Grupo 7 de Alberto Rodríguez, aunque tiene una potente historia real detrás: una brigada antidroga marsellesa que utilizaba los estupefacientes para pagar a los traficantes con la anuencia de sus superiores. El filme de Cédric Jimenez es poco sutil en lo psicológico pero muy eficaz como producto de acción y entretenimiento.

Por último, Titane, de Julia Ducournau, ha sido una peli divisiva -hubo abucheos y abandonos en este Festival de Cannes 2021-. Es un filme de género que a buen seguro tendrá mejor acogida en festivales especializados como Sitges. Como relato cyberpunk resulta trepidante y tiene una factura sobresaliente. Sin embargo, cae en algunos excesos que dificultarán a buen seguro su carrera comercial.

Titane (2021)
Titane (2021)

A la protagonista le pasan cosas un tanto grotescas, pero es cine de género, hay otras reglas diferentes a la del «Cine de Festival». La directora, sin duda, se ha fijado más en los referentes asiáticos y eso a veces no se corresponde con los gustos de un público más europeo.

Crónica del día 5: Y no vinieron las lluvias

La bahía que abarca desde La Napule hasta Cap d’Antibes amanece encapotada en ocasiones; tal vez en mayo -fecha habitual del Certamen- la lluvia aparece. Pero este año, la cita tiene lugar en julio, y el cielo abre siempre igual.

Hoy era el día de The French Dispatch, que no pudo estrenarse el año pasado, y finalmente ha visto la luz en la pantalla del Gran Teatro Lumière esta tarde.

Una entrevista con Sergei Loznitsa se cruzaba con dicha premiere y por tanto la última cinta de Wes Anderson tendrá que esperar. La expectación era máxima y todo el talent desplazado para el evento podría ser el cebo de cualquier festival de una semana.

Babi Yar. Contexto es lo nuevo de Loznitsa (Donbass, En la niebla), un tipo que tiene un sentido del humor envidiable aunque su película -un documental demoledor sobre la matanza de más de 30.000 judíos a las afueras de Kiev en dos días del otoño de 1941- deje poco espacio para la sonrisa. Entrevistar a uno de los directores europeos más destacados del panorama actual es un privilegio; “yo nací en la Bielorrusia soviética, tengo pasaporte ucraniano, pero descubrí que mis genes son balcánicos. Por tanto, soy ruso”.

La película se cuenta a través de imágenes de archivos rusos, alemanes y ucranianos completamente restaurados y sonorizados. En cuanto al contenido es, sin duda, una crónica de aquellos sucesos, pero también una cruel constatación de que en Europa la historia es una hidra constantemente hambrienta. Sus dos horas de duración pasan en un suspiro; Loznitsa es ante todo un director de documentales muy experimentado. El guion -los documentales tienen guion- y el montaje proponen un filme que funciona como una troqueladora.

Es una historia que dará pie a una película de ficción que estoy preparando”. Loznitsa es el director más ambicioso que ha pasado por el certamen. A lo largo de los años ha construido un corpus similar a la obra de Svetlana Alexievitch, ahora quiere ser Vasili Grossman, que su ficción sea un fresco de uno de los episodios más vergonzosos de la historia de Europa.

Baby Yar. Contexto (2021)
Baby Yar. Contexto (2021)

En el filme hay un tercer acto que recuerda al Juicio de Eichmann. Los testimonios reverberan como piezas kafkianas de humanidad indestructible. Babi Yar. Contexto puede ser un ensayo, pero su riqueza semántica es universal. La película funciona como filme narrativo y, a pesar de lo grave de los hechos narrados, el espectador asiste fascinado a la proyección.

Este año en Cannes también hay cine de género. El terror destaca con Los inocentes, una vuelta de tuerca a los modos y maneras de nuestra conocida ¿Quién puede matar a un niño? Siguiendo la estela de Border, la película danesa es un hábil cuento cruel.

Otras dos propuestas terroríficas son Medusa, relato steampunk que actúa como metáfora del Brasil de Bolsonaro, y Titane, de la protegida del festival Julie Ducornau, que ya deslumbró con Crude. Cannes se reinventa. Medusa es una soflama política pero también una película bien dirigida que busca al público joven.

Crónica del día 4 Festival de Cannes 2021: Mia Bergman

Mia Hansen-Love ha rodado una película sobresaliente, Bergman Island, que trasciende su condición de homenaje y se impone hasta ahora como lo mejor de la Sección Oficial del Festival de Cannes 2021.

La historia se desarrolla en la Isla de Faro, lugar de devoción mítica para los fans del maestro sueco. Mia Hansen-Love se pone las gafas de sol de Liv Ullman en Persona y juega con el espectador al juego de los dobles. Hay fantasmas, espíritus y una réplica antológica de Tim Roth.

Vicky Krieps y Tim Roth en Bergman Island, de Mia Hansen-Love
Vicky Krieps y Tim Roth en Bergman Island, de Mia Hansen-Love

Retrato de una pareja en crisis, algunos exégetas esperaban que el filme fuera un ajuste de cuentas entre la directora y su exmarido Olivier Assayas (era previsible, la pareja rompió recientemente; los dos son directores autores y la película cuenta con dos protagonistas de profesión y edades similares).

Con gran astucia, Mia soslaya el envite y ofrece un guion en apariencia ligero, aunque cargado de grandes cuestiones conforme avanza el relato. Ya desde el inicio se descubre que el filme trata de responder a la pregunta del millón: ¿puede una mala persona ser un gran artista? Sin duda, Bergman fue lo primero y lo segundo. La respuesta del enigma que ofrece Hansen-Love es fascinante.

Sean Penn y su hija Dylan Penn Wright en Flag Day
Sean Penn y su hija Dylan Penn Wright en Flag Day

Sean Penn también ha estrenado en la Sección Oficial. Viene con un filme interesante, Flag Day, que también trata de un mal padre -como Bergman– pero de profesión ladrón de bancos y falsificador. Lo mejor de la película es la interpretación de Dylan Penn Wright, actriz hija de actores-directores que nada con habilidad en la pecera de padre ausente y «América Profunda». La música también destaca. Hay composiciones originales de Cat Power, Eddie Veder y Glenn Hansard. Flag Day, en sus mejores momentos -que no son todos- recuerda al magisterio de Clint Eastwood, exégeta de padres tramposos. La película también constata que Sean Penn está algo cansado, su interpretación es en ocasiones brillante pero también errática. La historia es buena, donde ciertamente Eastwood habría entregado una obra maestra, el discípulo se queda a las puertas.

Evolution, del húngaro Kornél Mundruczó, acompañado en la escritura del guion por Kata Wéber, se adentra en los meandros de la condición judía tras el trauma del Holocausto. Es una película menos brillante que las previas de su autor, que este curso dio la campanada con Fragmentos de una mujer. Tal vez la condición episódica no le beneficia, no tanto por las historias breves que desarrolla sino por la estructura de las mismas. El tema es tremendo aunque va de más a menos, y se queda en una película algo inofensiva. Es de agradecer el abandono del tremendismo al tratar la cuestión judía, no obstante tras su visionado se añora el cañonazo que supuso El hijo de Saúl, de Nemes, hace unos años.

Compartimento nº 6, del finlandés Kuosnamen
Compartimento nº 6, del finlandés Kuosnamen

Ha decepcionado Corsini con su La fractura y el finlandés Kuosmanen con su Compartimento nº 6. No es una mala película esta última, pero el tono a lo Kaurismäki está algo deslavazado, aunque es un filme que se desarrolla en un tren y eso siempre suma.

Crónica del día 3: Lo viejo y lo nuevo

¿Puede una película escandalizar? ¿Conserva el cine su capacidad de convertir el patio de butacas en una batalla de ideas?

Benedetta (2020), de Paul Verhoeven, es quizás la película que menos encaja en la Sección Oficial de este Curso. El director holandés es un veterano con corazón de enfant terrible. Su filmografía, dotada de un sentido del humor irónico, también coquetea con la vulgaridad que por ejemplo hizo fracasar Showgirls; pero que cuando funciona se torna magistral como en El libro negro.

Al igual que Buñuel, Verhoeven es un iconoclasta con corazón de cristiano viejo. Un procaz acuñador de chistes anticlericales presto a esperar confesión de última hora. Pero Benedetta es una película fallida, recalentada versión de aquellas soflamas de Voltaire pasadas por el filtro de un Sade de Reader’s Digest; indigesta como una novela erótica de saldo.

Festival de Cannes 2021: Uncllenchinf the fits de la rusa Kira Kovalenko
Festival de Cannes 2021: Unclenching The Fists, de la rusa Kira Kovalenko

Mucho más interesante resulta Unclenching The Fists, segunda película de la directora rusa Kira Kovalenko, tremenda en su fondo, pero aupada por una dirección muy acertada. Se trata de cine crítico con la realidad del país y al mismo tiempo consciente de la deuda con una cierta tradición tremendista –Sokurov, Zviagintsev– que ha dado sus mejores obras a la filmografía del país septentrional.

Sin embargo, a diferencia de sus mayores, Kovalenko se abre a un contexto más amplio. Hay ecos de Rosetta (1999) en esa heroína que poco a poco prepara su venganza; los Dardenne son citados literalmente con una imagen de su clásico La promesa, quizás como una señal de que el cine eslavo comienza a abrirse a otras influencias culturales.

Festival de Cannes 2021: The Storms of Jeremy Thomas (Mark Cousins)

Cannes es un Certamen que potencia el diálogo entre creadores. Eso lo sabe muy bien Jeremy Thomas, productor histórico y protagonista del último documental de Mark Cousins, The Storms of Jeremy Thomas, una road movie documental en la cual el famoso divulgador cinéfilo acompaña a su biografiado al Festival de Cannes de 2019.

Festival de Cannes 2021: The storms of Jeremy Thomas. Un documental del estudioso del cine Mark Cousins sobre el premiado productor
Festival de Cannes 2021: The Storms of Jeremy Thomas. Un documental del estudioso del cine Mark Cousins sobre el premiado productor

Ganador del Oscar a la mejor película en 1988 por El último emperador, productor habitual de Cronenberg, Bertolucci, Roeg o Wenders, Jeremy Thomas es el exponente más brillante de un cierto cine radical que se fraguó en la contracultura y que acabó perdiendo empuje cuando se convirtió en dominante. La transgresión de sus películas dejó de tener sentido cuando fue masivamente imitada.

Thomas fue un productor autor que logró grandes éxitos de crítica y público enfrentándose al modelo americano de entretenimiento. Más allá de la transgresión, el sexo o la política eran meros reclamos, lo que hoy queda de los mejores filmes de Thomas es la belleza de la fotografía de un Storaro, los acordes inmortales de Sakamoto, las interpretaciones inolvidables de Deborah Winger o Tilda Swinton.

La pregunta por tanto no sería si el cine es capaz de provocar, sino más bien si tras la provocación hay un poso trascendente como en las mejores miniaturas de un William Blake. Si la imagen transgresora es una puerta a una realidad superior, al menos defiende Mark Cousins en su documental, eso es lo que han intentado los grandes productores cinematográficos.

Crónica del día 2 Festival de Cannes 2021: Kogonada y una declaración de principios

Hubo un tiempo en que el cine fue vehículo para la política. Los más veteranos del Festival recuerdan el año 1968, cuando GodardTruffaut pararon el certamen en solidaridad con los jóvenes manifestantes del Mayo francés.

Esos tiempos pasaron, el cine ya no “hace política”. Sin duda, triunfó entre productores y directores la idea de que el mensaje político no era una base firme para levantar buenas películas. La vieja polémica entre cine-cine cine de mensaje, se decantó por la primera tendencia.

Todo lo anterior no se aplica al Festival de Cannes. Si Bolsonaro desbarra, el Certamen acoge a cineastas brasileños críticos como Kleber Mendonca Filho; si la vieja Europa recorta gasto social se premia a directores reivindicativos como Ken Loach. Cannes es un Festival de cine de gran vuelo estético pero también es un altavoz de causas difíciles.

Y si hay una derrota eterna en el imaginario colectivo de Francia, ese es el caso de Rusia y su tendencia al autoritarismo. Ciertamente hay que reconocer la valentía de la dirección del Certamen que en los últimos años nunca se ha callado a la hora de criticar desde las diferentes Secciones y Competencias la deriva corrupta y oligárquica del otrora país hermano.

En pasadas competencias hubo andanadas metafóricas contra el régimen de Putin, también directores rusos que no pudieron venir a defender sus películas. Alguno de ellos en arresto domiciliario. Precisamente, este es el caso que relata Delo, de Aleksei German, un nada velado alegato en contra de los excesos autoritarios del todopoderoso FSB y su persecución de la disidencia.

El protagonista del filme es un pobre idealista profesor universitario, seguido por un puñado de jóvenes, que denuncia la corrupción política y acaba encerrado en su casa con una pulsera localizadora; allí pasará a convertirse en ibseniano “enemigo del pueblo”, solo por no tragar con la mentira y no callar.

Sin duda, el ruso German apunta más alto: no hay que esforzarse mucho para ver en el protagonista de Delo una suerte de Aleksei Navalni, el líder disidente recientemente deportado a Siberia. Se trata de una película imperfecta pero necesaria, que se ve con admiración pues sin duda aquellos que han participado en su realización creen en la justicia y el Estado de Derecho, cosas poco cinematográficas pero sin duda necesarias como respirar.

Festival de Cannes: Colin Firth protagoniza After Yang, del coreano Kagonada
Festival de Cannes: Colin Firth protagoniza After Yang, del coreano Kogonada

En el hemisferio opuesto se mueve Mothering Sunday, algo así como el día de la madre, el último filme de Eva Husson. Se trata de una adaptación de una novela de Graham Swift, con unos valores de producción espectaculares -vestuario de Sandy Powell, banda sonora oscarizable de Rob Moose– y una actriz, Odessa Young, que clava su personaje y desnuda su alma y cuerpo -literalmente se pasa media película a punto del constipado-. Es un filme bien hecho, que recuerda al Atonement de McEwan, dirigido por Wright, pero que adolece de un esteticismo hipervitaminado. Husson rueda con maestría y lo que quiere contar -oportuna reflexión sobre el dolor como origen de la creatividad y el arte- tal vez se merecía una propuesta más controlada, no tan “bonita”. Pero el filme es agradable y además ofrece una actuación de tres secundarios de otra galaxia: FirthColman y Glenda Jackson.

En Cannes sigue desojándose la margarita de la Palma de Oro que por ahora no tiene dueño claro. Por ahora el ganador moral es Kogonada y su After Yang, cine de realismo mágico pero algo menos centrado que aquella Columbus que le puso en el mapa del panorama indie.

Crónica del día 1: Historia de una vaca

El Festival más grande del mundo este año es aún más grande. Al menos en cuanto a número de películas; 25 en la Competición Oficial, un número elevado en cuanto a cantidad y calidad. Los nuevos filmes de Hansen Love, Wes Anderson o Kirill Serebrennikov entre otros aspiran al Gran Trofeo, una Palma de Oro que hace dos años encumbró a Parásitos.

Además, el Festival de Cannes 2021 contará con invitados ilustres –Matt Damon, Marcho Bellochio-, nuevos talentos en ascenso –Carpignano, Roquet– y todo lo que un cinéfilo sibarita puede desear: un sueño continuo de cine y sol que es tal vez imposible de controlar, si parpadeas que al menos sea a veinticuatro fotogramas por segundo.

The Souvenir. Part II (2021)
Festival de Cannes 2021. The Souvenir. Part II (2021)

Por todo ello lo difícil es elegir el menú del día. A veces la única manera de acertar es arriesgar. Cow, de Andrea Arnold, sin duda es la película más curiosa que se puede ver estos días. Un documental de 90 minutos sobre la vida de dos vacas en una granja, los dos bóvidos son la estrella de la alfombra roja. El filme está rodado desde su punto de vista y apenas se distingue a los humanos que las ayudan a parir, ordeñan, alimentan y pastorean. Lo interesante de la propuesta es su gran fuerza metafórica: lejos de ser una cinta inofensiva, el filme se convierte en un auténtico ensayo sobre lo que significa ser «vivo». Y sin adelantar nada de lo que el espectador va a ver, aquel que vaya más allá de las imágenes y las piense, va a descubrir que la película dice mucho sobre los animales pero también lo cuenta todo de los «humanos». Quizá desde aquel documental de Herzog sobre un hombre que quiso ser oso, ningún «reality» de naturaleza se atrevía a ser tan audaz y provocador.

Cow (Andrea Arnold, 2021)
Cow (Andrea Arnold, 2021)

En las antípodas de Cow, el díptico The Souvenir parte I y II trata sobre la búsqueda y el encuentro de una joven aspirante a cineasta en la Inglaterra de la segunda mitad de los años ochenta. The Souvenir part I se estrenó en 2018 pero solo su visionado conjunto con su segunda parte -estrenada hoy en premiere mundial- dota de sentido completo a la que quizás sea la mejor película británica de lo que llevamos de siglo.

Rodada en 16 milímetros por una cineasta absolutamente aristocrática en sus maneras y mensajes, The Souvenir es cine ajeno a modas y agendas. Joanna Hogg, la directora, se ha rodeado de la actriz más poderosa del viejo continente –Tilda Swinton– que da la alternativa a su hija –Honor Swinton-, reina esta última de un díptico de cuatro horas donde cabe un cuadro de Fragonard, la heroína fumada y una andanada profunda acerca de la creación y el cine como reserva espiritual de la Cultura Occidental.

La primera parte de The Souvenir se puede revisar en Amazon Prime pero se espera que algún distribuidor en España se atreva y estrene ambas partes porque es cine que merece la sala como lugar de degustación y goce. «Todo el cine es política», dice uno de los personajes principales de The Souvenir; cuando una película está rodada con tan buen gusto, intención y nivel interpretativo sólo cabe reconocer la pasión y maestría de su creadora.

En fin, Cannes ha empezado con una andanada del provocador Leo CaraxAnnette, un musical de 140 minutos- y convocará a otros de sus chicos malos para agitar a la audiencia –Gaspar Noé, Apichatpong Weerasethakul-, pero hay que revindicar que la mayor provocadora del panorama actual es una cineasta de larga trayectoria que se mira en el espejo de Michael Powell y Emerich Pressburguer. «Tienes que buscar que tus historias de ficción conecten con tus experiencias de la realidad, las emociones que vives».

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