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Jacques Tourneur: El arte de hacer películas con sombras

Una de las cualidades del cineasta de origen francés fue su facilidad para acomodarse a lo que le pedían los productores: dicen que sólo rechazó un guion en su carrera

Jacques Tourneur

Jacques Tourneur: El arte de hacer películas con sombras

Películas | Jacques Tourneur (París, 12.11.1904 – Bergerac (Dordogne) 19.12.1977) pertenece, tal vez ocupe la primera posición, al grupo de directores injustamente ignorados y/o mal conocidos. Algunos han dicho que era «un director francés», lo que no es del todo cierto. Nació en París, no había cumplido los 10 años cuando la familia se trasladó a Estados Unidos. En 1917 adoptaron la nacionalidad estadounidense. En 1967 Tourneur se jubiló y pasó los últimos años de su vida en Francia. Siempre ha sido un cineasta norteamericano. También se ha dicho que era un discreto director de películas de serie B, lo que tampoco es cierto. Fue un excelente director de películas de serie B (así llamadas por ser de presupuesto reducido, no por falta de calidad), y también de películas de serie A.

A Tourneur se le ha comparado, a la baja, con su padre, «el gran pionero Maurice Tourneur«. Ciertamente su padre, hoy olvidado, fue uno de los más grandes del cine silente. El podio norteamericano de 1918 lo ocupaban Griffith, Tourneur y DeMille. Jacques reconoció que «lo había aprendido todo de su padre». Pero no fue un imitador, sino que desarrolló, a partir de un gran maestro, un estilo propio, original, único de una calidad que fascina al observador. De hecho, Clarence Brown –6 veces candidato al Oscar al mejor director-, discípulo y entusiasta incondicional de Maurice Tourneur, dijo a Jacques, a quien no tenía ninguna simpatía (pero eso es otra historia), que lo consideraba tan buen director como su padre.

Maurice Tourneur abandonó Hollywood en 1928 y regresó a Europa. Jacques se quedó en América, fue figurante en algunas importantes producciones de la época, pero no encontró su lugar. Meses después recibió un telegrama de su padre que le invitaba a ser su ayudante en una película que estaba rodando en Alemania (Das Schiff der verlorenen Menschen). Sin dudarlo tomó el primer barco disponible para Europa. Hasta 1933 trabajó en la casa Pathé en diversas funciones, sobre todo como asistente, guionista y montador de su padre. Entonces, tras haberle insistido mucho, Pathé le dio la oportunidad de dirigir. Los cuatro primeros largometrajes de Jacques Tourneur fueron realizados en Francia. En 1935, tras una discusión con su padre, Jacques regresó a Estados Unidos.

De regreso en Hollywood, Jacques dirigió la segunda unidad de Historia de dos ciudades, producción de O’Selznick que, satisfecho con el trabajo, le contrató para su departamento de cortometrajes. Estuvo en él seis años y «el público iba a las salas más interesados por nuestros cortos que por el programa principal». La afirmación no deja de ser una broma, pero si han visto esos cortos y las películas que los acompañaban, no resulta demasiado exagerada.

En 1942 Jacques Tourneur dejó la MGM y entró en la RKO llamado por su amigo Val Lewton. El resultado fue La mujer pantera. Costó 134.000 dólares, recaudó más de 8 millones. Le siguió Yo anduve con un zombie y El hombre leopardo. Jacques Tourneur y Val Lewton cambiaron la narrativa del misterio. En lugar de mostrar, sugerían y dejaban que la imaginación del espectador hiciera el resto. ¿Recuerdan el paseo nocturno de Alice en La mujer pantera, el de la enfermera y su paciente en medio de las cañas, rodeadas por el sonido del viento, y el de los ritos del vudú en Yo anduve con un zombie, la sangre de Consuelo bajo la puerta en El hombre leopardo? Ahí se elaboraron dos leyendas: la de que Jacques habría sido director de serie B, y la de Val Lewton, que habría sido el gran cerebro detrás de esos éxitos, y Jacques su amanuense.

La mujer pantera (1942), de Jacques Tourneur
La mujer pantera (1942), de Jacques Tourneur

Una de las cualidades de Jacques Tourneur fue su facilidad para acomodarse a lo que le pedían los productores: dicen que sólo rechazó un guion en su carrera, le gustara o no; y que no los modificaba. Al final conseguía sacarles partido. Realizó dramas, comedias, filmes bélicos, de terror, de suspense, thrillers, etc. Todas sus películas, buenas y menos buenas, son inconfundiblemente obras de Jacques Tourneur quien, sin proponérselo, realizó siempre cine de autor. Su obra, no muy extensa, no tiene fallos. Tal vez la película más pobre sea Días de gloria, una cinta rutinaria de propaganda bélica. Casualmente es la primera película de Gregory Peck, que siempre recordó con cariño a su director y los consejos que le dio. Tras esta película realizó Noche en el alma, curiosa e infravalorada, en la línea de Luz que agoniza, de Cukor, protagonizada por Hedy Lamarr.

Las nueve películas siguientes de Tourneur, rodadas entre 1946 y 1952, son todas una delicia. Retorno al pasado es, sin duda alguna, una obra maestra que abrió el camino del cine negro, con Robert Mitchum, Kirk Douglas y Jane Greer. Pero Tierra generosa es un western extraordinario -imposible olvidar ese inicio bajo la lluvia o el modo en que se ve gestar una mala idea en la mente de Bryan Donlevy; Berlín Express fue rodado sobre las ruinas de la ciudad, antes de que Billy Wilder viniera con su equipo a grabar Berlín occidente. Estrellas en mi corona, película favorita de Jacques Tourneur, es una obra redonda. Un western moderno en el que lo que importa es ilustrar el conflicto fe y ciencia, y tiene una escena maravillosa, que se adelanta a su tiempo, antirracista. La protagoniza Joel McCrea, que fue compañero suyo de clase en el instituto. El halcón y la flecha es otra obra maestra, realizada a medida para Burt Lancaster, rodada, planificada y montada con tiralíneas. Fue calcada por Siodmark en El temible burlón. Los parecidos son evidentes; las diferencias, significativas. La mujer pirata y Martín, el gaucho son obras de género que cambiaron el formato.

¿Cuál es el sitio que piensa ocupar en la historia del cine? Preguntó un periodista a Jacques Tourneur.

Ninguno… Soy un realizador muy mediano, he hecho mi trabajo lo mejor posible, con todas mis limitaciones. Fue su sencilla respuesta.

Entre sus obras menos valoradas se encuentran Círculo de peligro, Cita en Honduras, Una pistola al amanecer o Los intimidadores. Todas ellas están casi a la altura de Al caer la noche (Nightfall), en las que un hombre normal se encuentra protagonizando una historia que le supera, y acepta el envite con estoicismo. Cita en Honduras, en particular, es una película con un simbolismo y una narrativa muy modernas, claramente no fue entendida en su día. Wichita fue rodada en cinemascope, un experimento logrado, con una planificación admirable. La noche del demonio es otra obra maestra, que recupera las esencias de su cine fantástico con Val Lewton, y solo tiene un fallo: el monstruo que fue grabado, añadido por la productora a posteriori, contra la opinión del director.

Después Jacques Tourneur realizó mucha televisión y sólo tres películas más. La batalla de Maratón (un péplum más que digno, con Steve Reeves), La comedia de los terrores y La ciudad sumergida, dos obras menores realizadas para United Artists y Vincent Price. Dos películas de encargo que, en palabras de Christiane Tourneur, su mujer, «no es tu estilo».

Poco después decidió jubilarse y regresó a Francia, donde vivió hasta el final de sus días. Dana Andrews fue a Francia a verle cada año.

Son características suyas la concisión. Pocas de sus películas sobrepasan los 90 minutos. Su estilo es sobrio, sin alardes, pero su composición visual es extraordinaria: cada imagen ofrece más de lo que aparece a primera vista. Siempre hay un detalle en algún lugar que aclara el significado de la acción. La iluminación es cuidadísima, el juego de luces y sombras es continuo y facilita el trabajo de sus actores, a los que pide interpretaciones sobrias, sin levantar la voz. Trabajó con los mejores directores de fotografía de su tiempo, en blanco y negro: Nicholas Musuraca, Ted Scaife, Lucien Ballard, J.Roy Hunt, Oswald Morris, Burnett Guffey; y en color, que nunca utilizó de forma gratuita: Ernest Haller, Harry Jackson, Joseph Biroc, William Snyder, Mario Bava, Floyd Crosby. A pesar de tal elenco de fotógrafos, todas sus películas tienen unidad de estilo.

Sus personajes suelen ser medio fracasados, desarraigados y con sentido del deber.  Representan al ciudadano medio. Ray Milland, Dana Andrews, Glen Ford se podrían intercambiar de una película a otra. Tienen un aire de familia, una presencia turbadora, y dejan ver que llevan un peso en el alma. También trabajaron con él numerosas actrices extraordinarias, pero todo el mundo recordará a La mujer pantera (Simone Simon) y a la fatal Kathie Moffat (Jane Greer) de Retorno al pasado.

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