John Ford, un género propio

⇒FilaSiete Monográfico nº 5: John Ford

Hoy 31 de agosto se cumplen 50 años de la muerte de un gigante del cine, maestro de directores: John Ford. Aunque podemos decir que es uno de los padres fundadores del western, también podríamos decir que Ford es un género propio. No solo porque hizo mucho más que westerns, sino porque creó un universo narrativo y estilístico muy personal, que mantiene una coherencia y un desarrollo a lo largo de su filmografía.

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John Martin Feeney, es decir, John Ford, nació entre lindes y horizontes. Fue el 1 de febrero de 1894, cerca del Portland del estado de Maine (no en el de Oregón), a orillas del Océano Atlántico, miembro menor de una prolífica familia procedente del litoral oeste de Irlan­da. Comenzó a ser Ford en la germinal industria del cinematógrafo, adoptando el apellido artístico de un pionero hermano mayor: Francis Ford, quien lo antecedió en la prehistoria de Hollywood.

Tras trabajar con su hermano varios años y hacer de todo (extra, figurante, actor, ayudante de dirección, director y guionista), a partir de 1917 empezó a dirigir westerns de dos rollos protagonizados por la popular estrella de la época Harry Carey. Juntos rodarían 25 películas, casi todas con guiones escritos por los dos a toda prisa. Hasta 1920, Ford trabajó para la Universal. Entonces firmaba sus películas como Jack Ford. En 1920 cambió de estudio y pasó a trabajar para la Fox. Cameo Kirby (Sota, caballo, rey), de 1923, fue la primera película que firmó como John Ford.

De su carrera brilla con luz propia la denominada «Trilogía de la Caballería», integrada por tres películas estrenadas en 1948, 1949 y 1950: Fort Apache, La legión invencible y Río Grande. Ford había vuelto de la II GM y su visión de la vida es digna de ser estudiada. Superados los 50 años y tras su experiencia en la contienda mundial, el realizador de origen irlandés es y no es el mismo. Queda marcado por su paso por la Armada y verá la vida como un militar que puede ser llamado al frente en cualquier momento. El ambiente castrense permite a Ford contar historias de perdedores, algo que va a hacer hasta el final de su carrera. Personajes que afrontan las dificultades porque están convencidos de hacer lo correcto.

Las uvas de la ira, de John Ford
Las uvas de la ira (1940), de John Ford

Queda fuera de toda duda que Ford es principalmente reconocido por sus westerns. Por el segundo puesto en su filmografía, posiblemente rivalizarían los melodramas y sus películas bélicas. Pero no debemos olvidar que el cineasta dirigió igualmente unos pocos biopics, comprendidos en un período ya maduro en su carrera, entre 1935 y 1939, de los que cabe resaltar tres: Prisionero del odio (1935), María Estuardo (1936) y El joven Lincoln (1939).

Hablar de Ford es también hablar de sus personajes, de sus escenarios, de sus actores (destaca sobremanera John Wayne, que como apunta Aitor Negrete en el Monográfico nº 5 de FilaSiete, «la relación entre Ford y Wayne fue estrecha tanto en lo profesional como en lo personal, hasta la muerte del director en 1973. En su funeral, fue Wayne quien pronunció el elogio fúnebre»), de la música de Victor Young y Alfred Newman. De la fotografía de Toland, Hoch y Stout. Cada película de Ford mejora en cada visionado, producien­do una sensación creciente de profundidad; despertando el sentimiento de una alegría perfecta, que no na­ce de efectismos, espectáculos medidos o una manipulación de los sentimientos.

FilaSiete - Especial John Ford
Monográfico nº 5 – John Ford

⇒FilaSiete Monográfico nº 5: John Ford

⇒Ilustración John Ford

 

 

 

 

 

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