Con la muerte en los talones, de Alfred Hitchcock (Parte 3): Un rodaje lleno de problemas
· Con la muerte en los talones: Un rodaje lleno de problemas | Pese a todas las gestiones realizadas, Hitchcock no pudo filmar en el Monte Rushmore la escalada de los protagonistas por los rostros presidenciales.
Fue la cuarta vez que Cary Grant se ponía a las órdenes de Hitchcock; y también la última vez en que trabajaron juntos. Con anterioridad, habían llevado a cabo tres grandes colaboraciones cinematográficas: Sospecha (1941), Encadenados (1946) y Atrapa a un ladrón (1955). Todas ellas brillantes y típicamente hitchcocktianas; pero, a la postre, sería ésta la película que todos recordarían, tanto del actor como del director inglés.
De forma casi unánime, la crítica ha considerado la interpretación de Cary Grant en este filme como la mejor de toda su carrera. Curiosamente, como vimos, en el principio no estaban previstos ni Grant ni tampoco la historia de espías, pero eso no deja de ser una de las muchas ironías que esconde la historia del Séptimo Arte.
Problemas con los actores
El director había escogido cuidadosamente a sus intérpretes. Y, entre todos, del que más satisfecho estaba era de Cary Grant. Sin embargo, la relación de ambos durante el rodaje fue lo más opuesto a una balsa de aceite. Sobre todo por la complejidad del guión, que provocaba constantes frustraciones en el actor en su intento de lograr la coherencia del personaje a lo largo de toda la trama. Deliberadamente, Hitchcok eludía sus preguntas sobre el desarrollo argumental y se guardaba en la manga muchos detalles de la historia para que ni Grant ni el resto del reparto supiera exactamente cómo iba a ser el final: tenía la esperanza de que ese desconcierto de los actores contribuyera al tono general del filme.
Lo que había pretendido Hitch con este thriller era envolver al espectador en “un inmenso juego de situaciones”, presididas por el misterio y la sorpresa
Landau, por su parte, se sentía un poco celoso por el hecho de que Hitchcock no le diera indicaciones a él. “Me sentí un tanto excluido porque le susurraba cosas al oído a Grant, a Mason y a Eva Saint. Así que un día me lancé y le dije: ‘¿No tienes nada que decirme a mí?’. Pero él me contestó: ‘Martin, solo te diré algo si no me gusta lo que estás haciendo. Sigue como lo haces: Vas bien así’. Y después desapareció”.
Como declaró días después del estreno, lo que había pretendido con este thriller era envolver al espectador en “un inmenso juego de situaciones”, presididas por el misterio y la sorpresa. Incluso el título original (North by Northwest), extraído de un verso de Hamlet, no tiene explicación en la historia: algo que subraya la oscuridad de la trama y se revela finalmente como una pista falsa acerca de su contenido.
Un ejemplo paradigmático de esa turbación aplicada al rodaje fue la escena en la que Grant es perseguido por una avioneta en medio de un descampado. Ni el lugar es el más oportuno para matarle, ni se entiende por qué no le disparan en la primera pasada, ni es lógico que la avioneta se estrelle contra el camión sin antes percibirlo. Pero la magistral interpretación que lleva a cabo Grant y la acertadísima planificación de las tomas consiguen, en el montaje final, una secuencia antológica en la historia del cine.
Problemas con los escenarios

Otro escenario vedado fue el edificio de la ONU. Les fue denegado el permiso para filmar tanto en su interior como en sus inmediaciones. Pero Hitchcock, decidido como estaba a incluir esa escena, ocultó una cámara en una furgoneta para rodar la secuencia en que Cary Grant, primero, y sus perseguidores, después, se cuelan discretamente en el edificio. El interior fue reconstruido más tarde en el plató. Algunas tomas se hicieron sobre una maqueta inspirada en las fotografías que había publicado una revista de arquitectura.
Además de estos cambios improvisados, otras escenas exigieron también cambios importantes sobre los planes inicialmente previstos. Así, para ahorrar los gastos del rodaje en exteriores, Hitchcock hizo plantar un centenar de pinos en un estudio de la Metro, y así recreó los “inmensos” bosques de Dakota del Sur.
La elipsis final, con Grant izando a Eva Maire Saint desde el Monte Rushmore hasta la litera del tren, fue una improvisada idea de Hitchcock para resolver brillantemente ese cambio en la planificación. Una genialidad más de ese director sumamente genial.
Making of de Con la muerte en los talones (1959) // Alfred Hitchcock (parte 1)
Making of de Con la muerte en los talones (1959) // Alfred Hitchcock (parte 2)
Crítica de Con la muerte en los talones
Suscríbete a la revista FilaSiete










































