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12 años de esclavitud

La crítica de la ganadora del Oscar. Un retrato áspero y brutal de la esclavitud y el racismo: McQueen logra lo que pretende (****)

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Dirección: Steve McQueen Guión: John Ridley Fotografía: Sean Bobbit Montaje: Joe Walker Música: Hans Zimmer Intérpretes: Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Brad Pitt, Paul Dano, Alfre Woodard, Paul Giamatti, Benedict Cumberbatch, Sarah Paulson Duración: 133 m. Distribuidora: DeAPlaneta Público adecuado: +18 años (VX-)

EE.UU. (Twelve years a slave), 2013. Estreno en España: 13.12.2013

Shame, sí, mucha shame

A Steve McQueen (Hunger, Shame) le van las historias duras y ésta lo es, vaya si lo es. Su trabajo podría merecerle el Oscar, entre otras cosas porque hay una voluntad de estilo más que evidente en su relato, que cuenta con un reparto formidable y una puesta en escena sensacional, con un trabajo fotográfico y un montaje esmerados. Pasa con su película que quien busque un relato complaciente y sensiblero no lo encontrará. Esto no es una plomiza memez como El mayordomo de Lee Daniels, para entendernos. Comparar ambas películas es ridículo, aunque vaya usted a saber lo que harán en la Academia (el público americano no ha respondido a 12 años, que no ha pasado de los 27 millones en la taquilla, frente a los 116 que hizo la floja película de Lee Daniels). Por cierto, ambos directores, por si alguien está despistado, son de raza negra: Daniels, norteamericano de Filadelfia, McQueen, inglés de Londres.

McQueen asume un riesgo, que forma parte de su estilo, que es retratar el tedio, el aburrimiento, el hastío que genera la maldad. Y por otra parte, es un director que cuando le toca retratar los buenos sentimientos y las virtudes y el lado iluminado de la condición humana tiene muchos problemas. ¿Dónde quiero llegar? Habrá quien diga que la película está bien pero que no le entusiasma, que falta intensidad y emoción, que hay cierta descompensación en los 3 tiempos del relato. Y yo no lo comparto, pero entiendo esa postura.

La película es fría, a ratos casi mecánica, porque hay mucha rabia contenida en el relato (es una adaptación de una autobiografía del propio Solomon Northup), mucha flema británica,  para evitar la detestable sensiblería maniquea de un Spielberg desatado, por poner un ejemplo. Amistad se pasa cuatro pueblos y es un desastre de película, 12 años quizás no llega al punto de equilibrio pero su relato es tremendamente poderoso. A medio camino, bastantes películas recientes como Criadas y señoras, una historia claramente desperdiciada por un director no solvente que contó con un reparto excepcional y una historia muy resultona.

Con todo, quizás la gran película sobre el racismo en América, haciendo abstracción del periodo histórico elegido, sigue siendo Arde Mississippi, la obra maestra de Alan Parker estrenada en 1988, que destila inteligencia por todos los poros.

El trabajo del guionista y productor ejecutivo John Ridley (autor del libreto adaptado de Red Tails, una fallida película sobre la historia real de una escuadrilla de pilotos de raza negra en la II Guerra Mundial) quiere respetar la visión de Solomon Northup, un hombre al que pretenden negar su condición humana volviendo a convertirlo en un objeto, en una bestia de carga que puede tener destrezas y habilidades pero no alma, inteligencia y voluntad, libre albedrío.

Las relaciones que Solomon (un majestuoso Chiwetel Ejiofor) tiene con los hombres blancos, con los hombre negros que pasan por su vida son variadas, hay bastantes matices en la narración porque lo que se cuenta aquí, como La cabaña del tío Tom, fueron relatos claves para despertar la conciencia de que había que abolir la esclavitud, en primer lugar, y terminar con la segregación racial a continuación (en ello están todavía en bastantes lugares de Estados Unidos).

Todos están bien, pero me encanta el personaje del señor Ford que interpreta Benedict Cumberbatch. Admiro muchas cosas de Estados Unidos, pero hay veces que uno piensa cómo es posible tanta abyección y, a la vez, tienes que hacer todos los esfuerzos del mundo no para justificar sino para entender. Es el siempre estremecedor misterio del mal. Y el cine es una herramienta excelente para retratarlo.

Alberto Fijo

Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor