2046: Poeta redomado insiste en el mood

Con siete películas desde 1988, todas recibidas con expectación y aplauso y casi siempre obteniendo diversos premios nacionales e internacionales, esta octava –2046– fue presentada a competición en el Festival de Cannes y en el de Valladolid. Wong Kar-Wai (Shangai, 1958) ha alcanzado ya ese privilegiado status de autor por el que cada anuncio de una obra cinematográfica nueva anuncia también un importante acontecimiento. No ha defraudado. Y no es que 2046 defraude, es que, cabría decir, es como una continuación, magnífica, de In the mood for love; o bien se trata de variaciones sobre aquel tema de amor.

En el año 2000 presentó en Cannes esa famosa película que recibió tantos premios y distinciones, y llegó al Festival con el tiempo justo o hasta con retraso, tanto es así que aún no le había puesto título, y para distinguirla se llamó Untitled o bien Sans titre. La también famosa banda musical –Nat King Cole– no estaba completa… Y hay que pensar que otro tanto ocurriría con el montaje… Que de aquello sobraran escenas y secuencias enteras no es de extrañar. Cualquier autor haría lo mismo, por ejemplo: una novela desmesuradamente larga que hay que acortar para cumplir las bases de un concurso; lo sobrante puede en ocasiones ser otro libro. En cine cabe volver a filmar las mismas escenas -ya elaboradas- con otros actores… Estoy elucubrando, cierto; pero es muy llamativa la coincidente similitud y hasta igualdad entre In the mood for love y 2046; similitud y hasta igualdad en los interiores de la pensión/hotel, puertas, puertas, puertas… dormitorios mínimos, agobio de espacio. Esas paredes de noche, semejantes a un cuadro de Tápies. La farola bajo la lluvia. Canciones-bolero en castellano, entre otras una interpretación preciosa de Siboney, me parece que de Connie Francis. Los vestidos de las dos protagonistas de uno y otro film. Y la presencia de un Tony Leung que deambula del hotel al periódico y al restaurante de las dos películas, con un leve matiz diferenciador. El secreto que se confía a un árbol…

Dije, y lo repito, que esa aparente repetición o variación es magnífica. Pocos autores tienen un tan personal y creador lenguaje: la imagen, palabra visual, decisiva especialmente en Kar-Wai, está al cuidado de tres directores de fotografía. Kar-Wai es un poeta redomado. Podría estar «hablando» horas y horas ante el espectador y le mantendría fascinado. Aunque sea impreciso, aunque parezca contradictorio, aunque quizá ni él mismo sepa qué ha dicho con esto o con aquello. Es igual. Así es el hacer de los poetas, su -diría Platón– entusiasmo y delirio divinos les domina. Así que en esta historia sin fronteras fijas, o indeterminada o ilimitada… se cuentan y se entrecruzan -entre el presente y el pasado, abiertos a un futuro como a un deseo- diversas historias de amor, misteriosas, o fatídicas, casi todas de amor desgraciado, o casi sólo egoísta, o de una sexualidad degradante.

Sólo en una -pero en una- hay lucha esforzada, a prueba de lágrimas y de dolor, por conseguir el amor; en esta hay claridad, en esta hay castidad y hay fidelidad, en esta hay una radiante alegría.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Christopher Doyle, Lai Yiu Fai, Hwan Pun Leung
  • Montaje: William Chang
  • Música: P. Raben, S. Umebayashi
  • País: China  
  • Distribuidora: Araba
Reseña Panorama
s
Pedro Antonio Urbina
Crítico de cine, poeta, escritor y traductor