27 vestidos: Compuesta y sin novio

Hace unos días, después de recoger sus tres flamantes Goyas por esa pequeña joya llamada La soledad, el realizador español Jaime Rosales afirmaba que, en el cine tenía que haber de todo, emoción, profundidad y fuegos de artificio porque: «Si sólo existiera Bergman, nos tiraríamos todos por la ventana, ¿no?». Creo que esta frase explica dos cosas: el éxito de esta comedia romántica en EE.UU., donde ha ganado ya 60 millones de dólares y mi buena predisposición al ir a verla. Los críticos al fin y al cabo, son de carne y hueso, y entre drama y drama, a nadie le amarga un dulce, aunque sea la ligera historia de una eterna dama de honor que no encuentra a su príncipe azul, o peor, ignorada por su príncipe azul.

El problema es que, a pesar de las buenas intenciones del público y de quien suscribe estas líneas, 27 vestidos no pasa los más elementales mínimos de calidad. Se trata de una comedia simplona, a ratos tediosa, muy machista de fondo -si es que tuviera algún fondo- y con un argumento mil veces visto. Sorprende que el guión esté escrito por Alina Brosh McKenna, autora del libreto de la -muy superior- El diablo viste de Prada. Claro que en aquella adaptaba y aquí la ¿historia? es original.

Katherine Heigl (Anatomía de Grey, Lío embarazoso) defiende como puede su insulso personaje, Edward Burns se pasea sin despeinarse y James Marsden sería un estupendo candidato para otras comedias románticas… si las hubiera. Porque, al final, lo que confirma 27 vestidos es que la comedia romántica sigue en crisis y que mientras esta dura -como la gente quiere ir al cine a reírse y no es bueno seguir perdiendo dinero- lo mejor que puede hacer Hollywood es colorear películas de los años 40, o dedicarse a los remakes, que títulos hay.

Ficha Técnica

  • País: EE.UU. (27 Dresses), 2008
  • Peter James
  • Priscilla Nedd Friendly
  • Randy Edelman
  • Fox
  • 107 minutos
  • Jóvenes
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