28 días después: Tripas para todos

28 días después | El británico Danny Boyle (Trainspotting) sigue fiel a sus rabiosas obsesiones feístas y truculentas. Ayudado por el guionista de La playa y por el fotógrafo abanderado del certificado Dogma hace una película de género catastrófico en la que solo brillan unas magníficas e inquietantes secuencias grabadas en vídeo digital de un Londres desértico y espectral, asolado por una enfermedad transmitida por unos monos que en un laboratorio eran sometidos a unas experiencias científicas aberrantes. Es una pena que el empacho de gore sanguinolento y cutre elimine la posibilidad de tomarse en serio una historia con muchos puntos de interés, en línea con La amenaza de Andrómeda, la inquietante novela de Crichton llevada al cine por el gran Robert Wise.

Declara Boyle (Manchester, 1956) que su película es un eufemismo de un film bélico, equivalente a las cintas de zombis de los 70 y a la literatura británica de ciencia ficción, especialmente Ballard y Wyndam. A mí me parece que este hombre tiene talento visual y poco más: pero se le va la fuerza por la cámara, es un muñeco a merced de sus caprichos, un iconoclasta fashion que no tiene -a día de hoy- absolutamente nada que decir.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Antony Dod Mantle
  • Montaje: Chris Gill
  • Música: John Murphy
  • País: Gran Bretaña 
  • Distribuidora: Fox
Reseña Panorama
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Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor