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4 meses, 3 semanas, 2 días

 

4 meses, 3 semanas, 2 días: Palma de Oro en Cannes y mejor película europea para esta cinta rumana de extraordinaria calidad. A Rossellini le habría encantado.

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Cristian Mungiu  C. Mungiu  Oleg Mutu  Dana Bunescu  Anamaria Marinca, Laura Vasiliu, Vlad Ivanov, Alex Potocean, Luminita Gheorghiu  Golem  113 minutos  Adultos

Rumanía  (4 luni, 3 saptamini si 2 zile), 2007

4 meses, 3 semanas, 2 días | Cine 100%

Después de algunas ediciones de controvertido palmarés, nadie protestó –en la pasada edición del Festival de Cannes- la decisión unánime del Jurado de premiar con la Palma de Oro esta impecable cinta rumana. Una película dura donde las haya, ingrata, áspera, incómoda y, sin embargo, de visión casi obligada. Cristian Mungiu relata en imágenes el calvario de Gabita, una joven estudiante embarazada dispuesta a someterse a un aborto y de su amiga, Otilia, que la acompaña. Estamos en 1987, y en la oprimida y casi tercermundista Rumanía de Ceaucescu, el aborto es delito.

La película es el primer capítulo de una trilogía sobre la Rumanía comunista titulado Relatos de la edad de oro. Después de ver la cinta, uno se pregunta si esta opera prima le ha salido a Mungiu así por casualidad o si, por el contrario, el realizador rumano ha hecho una labor de encaje de bolillo para aplicar la fórmula exacta que hace que una película –casi documental a ratos- agarre al espectador, lo vapulee y consiga noquearlo.

A partir de un guión escrito por él mismo, Mungiu construye su film como un thriller. En este sentido, hay muchos momentos en los que Cuatro meses no se aleja demasiado de un conjunto de películas -casi son género- que se caracterizan por contar la preparación de un crimen. Con precisión matemática, Cristian Mungiu va presentando a las víctimas, al asesino, el arma, el escenario… A la tensión del thriller, se añade una tensión interior, psicológica -que parte de los personajes y llega hasta el espectador- mucho más angustiante. La secuencia de la cena de Otilia en casa de su novio es antológica: un plano fijo, una conversación insustancial y una tensión in crescendo (casi insoportable) que acaba por estallar en una huida rodada como si se tratara de una persecución y en un dilatado e  impactante final, veinte minutos antes de que termine la cinta. La nerviosa planificación –cámara en mano- ayuda a mantener la intriga durante todo el metraje y a identificar los sentimientos de las protagonistas.

El realizador rumano sabe alternar los largos silencios con ágiles y al mismo tiempo elaborados diálogos que el estupendo reparto recita con pasmosa naturalidad (más pasmosa si se tiene en cuenta la imposición del director a sus actores de aprenderlos de memoria). En el capítulo interpretativo destaca el trabajo de Anamaria Marinca que acaba cargando con un noventa por ciento de la película.

Pero además de una impecable lección de cine, Cuatro meses es una película de tesis, que aborda una cuestión tan espinosa y candente como el aborto. Sean cuales sean los propósitos del autor, que no ha querido pronunciarse claramente sobre la intención de su obra, la realidad es que no hay un ápice de frivolidad en la puesta en escena de la película y que los terribles sucesos que se cuentan no son sólo patrimonio del aborto ilegal. Por otra parte, Mungiu es cineasta y lo que quiere decir, más que con palabras o entrevistas, lo dice con imágenes. Y más concretamente, con un plano. Un plano que rompe el tono elíptico del resto de la película. Un plano que, como hablamos de un thriller, no se puede desvelar. Pienso que, para quien quiera y sepa verlo, en ese plano está la clave de la verdadera intención del director.

Ana Sánchez de la Nieta