· Aguas oscuras | Estreno 24 de enero de 2020.
· La cinta no está condimentada con la sal gorda de la demagogia y el maniqueísmo, sino con la fina del matiz, la corrección moral y la defensa de la vida (antípodas ambos, por cierto, de la amenazante corrección política).

Aguas oscuras: David, matagigantes y corredor de fondo

Modélico remedo del relato de David y Goliat es esta encomiable historia verídica, basada en un reportaje publicado por The New York Times en 2016, dirigida por Todd Haynes y producida y protagonizada por Mark Ruffalo. Narra el solitario, heroico y aún inconcluso combate librado durante más de veinte años por Robert Bilott, abogado de un prestigioso bufete de Cincinnati, entre cuyos clientes figuran grandes emporios empresariales. Dada la gravedad de un insospechado caso (denunciado por un granjero afectado) y en nombre de la justicia más elemental, Bilott decide demandar a una de esas corporaciones, por ser responsable del envenenamiento deliberado de decenas de miles de personas corrientes.

Marcando un ritmo narrativo tan determinado como la tenacidad del letrado, Aguas oscuras incrusta otro jalón en el terreno de esa denunciadora tradición (camino ya de ser centenaria) del Hollywood combativo. La crisis desencadenada en 1929 y dilatada durante la década de 1930, tuvo mayor magnitud y repercusión artística, popular, política… gracias al indómito carisma de jóvenes padres fundadores del Hollywood clásico, como John Ford o Frank Capra. Sí, los mismos que años después fueron tildados de retrógrados y ultraconservadores por jóvenes que, en gran medida, habían aprendido a mirar, pensar, sentir y hacer cine con sus películas. Aunque en 2020 no lo parezca y cueste creerlo, solo la mera existencia de Aguas oscuras debe mucho a la de fábulas capranas como Caballero sin espada (1939) y ¡Qué bello es vivir! (1946), o a la de referentes fordianos como Las uvas de la ira (1939) y ¡Qué verde era mi valle! (1941).

Será en parte porque Aguas oscuras no está condimentada con la sal gorda de la demagogia y el maniqueísmo, sino con la fina del matiz, la corrección moral y la defensa de la vida (antípodas ambos, por cierto, de la amenazante corrección política). Por ello, la película trasciende con creces los enfrentamientos y contraposiciones entre demócratas y republicanos. Dicha independencia de dependencias ideológicas y banderías partidistas, es la suprema causa de Robert Bilott, hecha propia a su vez por Haynes, Ruffalo, los guionistas Correa y Carnahan o el resto de los estupendos actores principales. En virtud de esa honradez ética e intelectual, adquiere más valor la renuncia a convertir al abogado en impoluto héroe consagrado al tótem de una causa social. No, Bilott aparece como quien es: un hombre, perteneciente a la misma estirpe del caprano George Bailey, es decir, James Stewart. Eso implica que también sean mostrados conflictos y contradicciones personales derivados de su imposible funambulismo entre el cumplimiento de su hipertrofiado deber profesional y el de sus no menos justos deberes familiares como marido y padre.

Bajo Aguas oscuras corre, en fin, el inagotable torrente de la libertad y la justicia. De ahí que el empeño de Bilott sea una demostración práctica de esas atemporales palabras de Lincoln en Gettysburg, con las que definió la esencia de la democracia: «el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo».

Ficha Técnica

  • Fotografía: Edward Lachman
  • Montaje: Affonso Gonçalves
  • Música: Marcelo Zarvos
  • Duración: 126 min.
  • Público adecuado: Todos
  • Distribuidora: eOne
  • EE.UU. (Dark Waters), 2019
  • Estreno: 24.1.2020
Reseña Panorama
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Artu Segura
Licenciado en Geografía e Historia (especialidad Historia del Arte) y Diplomado en Estudios Avanzados de Historia del Arte. Autor del libro “John Ford en Innisfree. La homérica historia de ‘El hombre tranquilo’ (1933-1952)”