Ajami: Territorio hostil

En la ciudad de Jaffa, perteneciente al Es­tado de Israel pero de mayoría árabe, se ha­lla ubicado el barrio de Ajami. Epicentro de un conflicto político-religioso que ha mo­vido ríos de tinta y ha dejado multitud de muertos, la zona es testigo de rencillas per­sonales, malentendidos culturales y de in­justicias insalvables.

A través de la mirada de Scandar Copti -de origen palestino- y de Yaron Shani -de procedencia israelí-, el largometraje Ajami pre­tende la imposible hazaña de mostrar la di­fícil situación del lugar sin incurrir en jui­cios de valor ni discursos dogmáticos. A par­tir de la vida de diferentes individuos que viven o trabajan en el barrio, el filme cons­truye su discurso ensamblando los diver­gentes puntos de vista de una encrucija­da en la que los vecinos se convierten en da­ños colaterales.

Nominada a los Oscar de Hollywood a la me­jor película extranjera, ganadora del Pre­mio al mejor director y de la Palmera de Pla­ta en la Mostra de Cine de Valencia, y Men­­ción Especial Cámara de Oro en el Fes­ti­val Internacional de Cannes, la película re­construye desde la ficción la vida de una se­rie de personajes reales, a quienes dan vi­da actores amateurs de la zona, gracias a una iniciativa promovida por los propios direc­tores. Para ello, Copti y Shani organizaron un taller de diez meses de duración en el que contaron con trescientos participantes. Con la base de dicho trabajo colectivo y el apoyo de la improvisación, Ajami se con­vierte en una película fresca, terriblemen­te directa y sin concesiones narrativas.

Si bien es cierto que lo que se cuenta en el filme no es nuevo -ya se habló del tema en títulos recientes como Los limoneros o Pa­ra­dise now-, sí que destacan varios puntos a su favor: por un lado, el hecho de que al ya bien conocido enfrentamiento entre ju­díos y árabes se añade la presencia en la zo­na de los cristianos, dotando al relato de una mayor complejidad estructural; y por otro, la manera en que se vertebra la narra­ción. Confusa en su primera trama y deslum­brante en su clímax, Ajami comienza co­mo un relato cronológico que en un punto determinado se quiebra para mostrar, en for­ma de mosaico, las diferentes perspectivas sobre un acontecimiento de cuya magni­tud el espectador no será consciente hasta el final de la cinta.

Esta composición es el principal baluarte del filme, junto a otras reflexiones que se nos ofrecen como la construida a partir del có­mic que dibuja el hermano de uno de los protagonistas. Ajami denuncia la implicación involuntaria de sus personajes en una gue­rra soterrada de la que intentan huir a to­da costa y que, sin embargo, termina alcan­zando a todos. En una ciudad en la que im­pera la ley del más fuerte, la obra de los ci­neastas Scandar Copti y Yaron Shani inci­de en cómo los judíos, los árabes o los cris­tianos se ven inmersos en un sin sentido del que son las principales víctimas, aun­­que a ojos del mundo aparezcan como cul­pables.

Ficha Técnica

  • País: Israel/Alemania, 2009
  • Fotografía: Boaz Yehonatan Yacov
  • Montaje: Scandar Copti, Yaron Shani
  • Música: Rabiah Buchari
  • Duración: 120 m. +16 años (temática conflictiva, violencia)
  • Distribuidora: Karma
  • Estreno: 26.3.2010
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Reseña
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Doctora en Historia del Cine, Animación Japonesa y Cines de Asia Oriental