Alexia

Delgado ha rodado un documental sensible y medido contado por la propia protagonista. ***

ALEXIA, 2011 País: España Dirección: Pedro Delgado Guión: P. Delgado, Jerónimo José Martín Fotografía: Moncho Rebón Montaje: Juan Sánchez Música: Íñigo Guerrero 70 m. +12 años Distribuidora: European Dreams Factory Estreno: 13.5.2011

Como la vida y la muerte mismas

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Es hermoso lo que ha hecho el director de es­te documental. Simplemente (no es fácil) se ha dejado llevar por la sencillez desarmante de la historia que se ha propuesto contar.
Delgado y Martín, con un guión más traba­jado de lo que pudiera parecer, han compues­to las piezas del puzzle, del paisaje huma­no de una niña que muere con 14 años, y lo han hecho con un lenguaje cinematográfico acor­de con una historia que lo que tiene de ex­traordinaria es, paradójicamente, su tremen­da cotidianidad. La normalidad de una ni­ña cristiana que vive y muere de acuerdo con lo que le han enseñado en su casa, en el colegio, en una asociación juvenil, en su parroquia. Así de simple, aunque al llegar la enfermedad, el do­lor y la muerte hay en la niña una se­renidad que, no por lógica, deja de ser admirable.

Pasa con Alexia (y con sus padres) algo curio­so. Cuando crees en Dios (cuando tienes la suer­te de tocarle en tu vida) hay cosas que te en­cojen el alma y te arrugan los pies, pero que encajas y asumes. Y lo haces porque Dios es Dios y el amor es su mejor invento, por decir­lo de una manera coloquial.

Los santos se han ido (se van) al cielo con una carga de basura (calumnias, incomprensio­nes, odios, rencores, injusticias, atropellos) “disfrutada en vida”. Es la marca de la casa, que forjó su fundador, un judío de 33 años cru­cificado bajo el poder de un tal Poncio Pi­la­to. Alexia recibió su cuota de basura, de ese ti­po de basura, con retraso, tirada a la cara de los que más quiso, presentados como gente per­versa y fanática en una película petarda, alu­cinada y alucinógena, construida con menti­ras y calumnias para llenar varios contenedo­res, cosa que pareció no importar lo más mí­nimo a un buen número de Académicos del ci­ne español.

Alegre y serena, como ella, como esa canción que canta Melocos (merece la pena escuchar­la en www.alexialapelicula.com porque es in­finitamente mejor versión que la que sale en los créditos) llega esta película, que se ve bien y que te permite acercarte a una historia senci­lla de gente cotidiana. Se agradece el sentido del humor (esas infografías tan graciosas) y la voluntad de los hermanos de la niña de no convertir la película en una apología, ni siquie­ra en una reivindicación póstuma, ni de su hermana ni de sus padres.

Alberto Fijo


Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor