Alí

La vida de Muhamed Alí y la América de los "60 tienen una trascendencia que no acaba de transmitir el film.

DB8
País: Estados Unidos Dirección: Michael Mann Guión: Stephen J. Rivele, Christopher Wilkinson, Gregory Allen Howard, Eric Roth Fotografía: Emmanuel Lubezki Música: Pieter Bourke, Peter BorkIntérpretes: Will Smith, Michael Bentt, Giancarlo Esposito, Jamie Foxx, Jada Pinkett

Estreno EE.UU.: 11 de diciembre de 2001

Alí: Cuadrilátera arrogancia

Alí sin la cámara mágica de Michael Mann sería un garabato de la biografía de Cassius Clay, pedazos deslavazados de la historia americana. Sí, nos cuenta que ganó y perdió varias veces el título de campeón de los pesos pesados, que era musulmán y amigo de Malcom X, que se negó a servir al ejército americano, que tuvo tres mujeres… Pero la vida de Muhamed Alí y la América de los «60 tienen una trascendencia que no acaba de transmitir el film.

Igualmente, la conmoción por el asesinato Malcom X, el peso de la opinión pública por la guerra de Vietnam o la incertidumbre del juicio por el que podría haber perdido el título sólo quedan dibujadas. Mucha información y mucho tiempo (más de dos horas y media), que no basta para que el film adquiera soltura. Durante ese tiempo se van sucediendo diversos personajes, quizás demasiados a la vista de que apenas dos consiguen cuajar. Uno de ellos es el comentarista interpretado por Jon Voight y el otro, indudable soporte del film, es Will Smith.

De nuevo se pone de manifiesto el poder del celuloide para transformar actores, en este caso con una impecable caracterización y un notable esfuerzo físico que abarca kilos de más, peleas reales y un nuevo registro interpretativo con el que Will Smith consigue calcar la arrogancia de Alí y su «baile» en el cuadrilátero. Pero por mucho que el guión decepcione, el despliegue de virtuosismo visual de Mann (El dilema, Heat, El último mohicano) equilibra el film.

Desde el arranque, la cámara desafía los puños del boxeador durante un entrenamiento que nos lleva directos al ring. La sincronía de movimientos de los contrincantes se intercala con notas de jazz que suavizan los primeros asaltos, mientras que ángulos preciosos e imposibles y cámaras pegadas al cuerpo estilizan los golpes y hacen de cada pelea toda una coreografía. También exprime Mann las posibilidades de la luz (como en la secuencia en la casa de su ayudante) y las de la música, muy a tono con el tema (por ejemplo a su llegada a Zaire para la mítica pelea con Foreman) si bien no deja un minuto de respiro en toda la cinta. Gracias a este inteligente uso de recursos cinematográficos, Alí no pierde por KO pero queda por debajo de las expectativas, máxime cuando su listón estaba donde lo dejó When we were kings.