Anna Karenina: Cruel vampirismo

No es fácil llevar a la pantalla a Anna Karenina. Las versiones que existen -probablemente la mejor sea la de Clarence Brown interpretada por Greta Garbo– no rozan ni de lejos la densidad de la novela. La inmortal obra de Tolstoi es uno de los retratos más profundos del alma femenina y una radiografía terrible de las cicatrices que puede dejar en esta alma la infidelidad y el adulterio. Hablar de Anna Karenina es adentrarse en el complejo mundo de los sentimientos, la pasión, la culpa y los celos.

Dicho esto, sobre el papel parecía que Joe Wright era la persona adecuada para volver a llevar el clásico de la literatura rusa a la gran pantalla y conseguir una película más que aceptable. Wright había rodado una correcta adaptación de Orgullo y prejuicio y, sobre todo, estaba detrás de las cámaras en la sugerente Expiación -otra película sobre la culpa-. Ni el cine de época ni el drama consistente le eran desconocidos. Sobre el papel, Wright era un buen candidato… pero solo sobre el papel.

El cineasta británico ha colocado la historia en un encuadre bellísimo, de espectáculo operístico, ha adornado a los actores de unos maravillosos vestidos, ha ideado una original puesta en escena… y, cual vampiro, le ha chupado el alma a la novela. Ha arrebatado al clásico sus notas más valiosas. Le ha despojado de gran parte de su profundidad. Ha convertido un diamante en un collar de bisutería, brillante de lejos… pero totalmente vacío por dentro.

Wright cuenta con que el espectador conoce de sobra la historia, evita parte de la narración de los hechos y se centra en los personajes. Y aquí viene el naufragio porque, con un libreto, (de Tom Stoppard, Shakespeare in love), llamativamente pobre, una protagonista (Keira Knightley) sin ningún arco de transformación, a la que se muestra casi enajenada desde el principio y a la que nunca llegamos a entender, un conde Vronski que además de bobo es más hiératico y frío que un témpano y un Karenin (Jude Law) igual de hierático pero infinitamente más atractivo, no se hace Anna Karenina. Es imposible. Y lo que resulta es otra cosa; la torpe y aburrida narración de una aventura extramatrimonial rodeada, eso sí, de tules, ropajes adamascados y muchos suspiros y pucheros. Ni pasión, ni culpa, ni desesperación, ni llanto. Un engaño. Un destrozo.

Habrá quien piense que exagero, pero transformar una obra maestra de la literatura, una radiografía del alma humana, un retrato de la complejidad y aristas de toda relación humana en algo parecido a un bello anuncio de perfumes es un delito.

Lo mejor: El envoltorio visual.

Lo peor: La superficialidad del conjunto.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Seamus McGarvey
  • Montaje: Melanie Oliver
  • Música: Dario Marianelli
  • País: Reino Unido
  • Duración: 130 min.
  • Público adecuado: +18 años (X)
  • Distribuidora: Universal
  • Estreno en España: 15 Marzo 2013
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