Atando cabos: Al rico sermón helado

Atando cabos | Un hombre gris, ingenuo y frágil, es el protagonista de la nueva película-sermón-mitin de este curioso predicador-flautista-cineasta sueco de 56 años llamado Lasse Hallström, tan aficionado a contar fábulas que le sirvan como excusa para catequizar al personal. Tras la panfletaria apología del aborto en Las normas de la casa de la sidra y la grosera ridiculización de la religión en Chocolat, tocaba barrenar el matrimonio.

A estas alturas, la coctelera de Hallström tiene poco misterio: se coge una novela como base, encima un chorreón generoso de esencia de cuento posmoderno, más medio litro de licor New Age para que quede más in. Agítese hasta que adquiera un intenso sabor a tolerancia progresista, viértase entonces en un vaso que resulte decididamente exótico (oh sí, la románticamente gélida y ventosa Terranova).

La soflama del sueco se sirve de una novela de Annie Proulx, ganadora de los premios Pulitzer y National Book Award 1994. Un tipo amargado por su alocada e infiel esposa, una prostituta a la que ama con locura -nunca sabremos muy bien por qué-, queda traumatizado (más todavía) por un dramático accidente. Una pariente -lesbiana, faltaría plus- le convence para que la acompañe a Terranova, hogar de sus ancestros, mundo sencillo y primitivo del helado norte, donde poder encontrar las atávicas raíces y comenzar una nueva vida, en perfecta y armónica simbiosis con la Madre Tierra y el Padre Mar, que tiene muy mala leche, pero en el fondo es buena gente. La catarsis exige, eso sí, liberarse de los tabúes que nos aherrojan: el matrimonio, el perdón, la esperanza. Resulta divertido, si uno tiene estómago, observar los patéticos esfuerzos de Hallström por situar detonantes estratégicos (incesto, lesbianismo, infidelidad matrimonial) que hagan saltar una historia que -emocionalmente- no levanta cabeza.

Después de ver esta reiterativa, monótona y pedante película, uno se pregunta -por preguntarse algo- si es lógico proponer para el Oscar a la actriz secundaria a Cate Blanchett por su aparición de cinco minutos. Me cae muy bien la Blanchett, pero es absurdo, casi tanto como pretender que Denzel Washington se haga con el equivalente masculino por una nadería como Training day. Están locos estos americanos, que diría Obelix.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Oliver Stapleton
  • Música: Christopher Young
  • País: EE.UU.
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Reseña
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Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor