Baran

Dirección y Guión: Majid Majidi Fotografía:Mamad Davudi Montaje:Asan Hassandoost Música:Ahmad Pezhman Intérpretes:Zahra Bahrami, Hossein Abedini, Mohammad Amir Naji, Hossein Mahjoub, Abbas Rahimi, Gholam Ali Bakhshi, Jafar Tawakoli Distribuidora:Civité Films

Irán, 2001. Estreno en España: 12.04.2004

El amor en los tiempos del burka

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En esta época en que se habla tanto de la reconstrucción de Afganistán, un país que no consigue recuperar la calma, no está de más que se nos recuerde que, detrás de esas historias que parecen construidas en clave política, se esconden pequeños y grandes dramas de personas a las cuales no se da la oportunidad de decidir.

El director iraní Majid Majidi (Teherán, 1959), que cuenta con una nominación al Óscar como mejor película extranjera por Niños del cielo (1997), y nos embelesó con El color del paraíso (1999), estrena en Es­paña con un retraso de tres años Baran, su penúltima película. Una fábula romántica protagonizada por niños, seres todavía cándidos pero despojados de su inocencia antes de tiempo.

La vida no es fácil para Lateef (Hossein Abedini), un adolescente iraní que trabaja como chico de los recados en una obra, verdadero crisol donde comparten penas y miserias iraníes, turcos y refugiados afganos. Éstos se llevan la peor parte, pues han abandonado su país y trabajan en Irán por un salario escaso en situación ilegal. Cuando Najaf, un empleado afgano, sufre una caída, no puede dar parte del accidente a las autoridades. Al día siguiente llega a trabajar en su lugar el hijo del hombre herido, Rha­mat (Zahra Bahrami). Pronto queda claro que este chico misterioso, débil y tímido no está hecho para el duro trabajo de albañil, de forma que el jefe de obra decide darle las labores de recadero que eran, has­ta entonces, de Lateef. Éste se llena de rencor hacia el nuevo trabajador, le sabotea y des­troza su cuarto de los recados. Pero su actitud cambia cuando descubre en la pequeña despensa de Rhamat a una hermosa joven peinando sus cabellos. Lateef se enamora perdidamente de ella y se propone impresionarla. Resulta muy tierno ver cómo los dos adolescentes se aman sin intercambiar una sola palabra.

Con Majidi, los silencios, el sonido del viento y de la lluvia, hablan por sí solos, y las miradas dicen más que mil palabras. Sólo él sabe encontrar y hacernos descubrir la belleza de los humildes escenarios donde se desarrolla la historia, desde el edificio en construcción hasta los paisajes naturales iraníes. Baran es una película con contenido, pero sin pretensiones, elaborada con una conmovedora sensibilidad. Probablemente es la única manera de acercar a un público occidental los dramas de una cultura que nos resulta misteriosa. El director va más allá, y penetra en la esencia del ser humano para demostrar que, en el fondo, Oriente y Occidente no son tan diferentes cuando se trata de sentimientos.

Teresa Luengo