Big Bad Wolves: Lobos muy feroces

Big Bad Wolves. La película se regodea en el sadismo buscando que el espectador sufra lo indecible.

La película comienza con una secuencia magistral, a cámara lenta, de unos niños jugando al escondite. Al final del juego una pequeña no aparece, en el lugar donde se escondían sus compañeros encuentran uno de sus zapatos. Inmediatamente vemos a unos policías propinando una paliza a un hombre: es el único sospechoso hasta la fecha del secuestro, violación y asesinato de varias niñas. Los policías han sido filmados en plena faena, el vídeo se ha subido a la red, el oficial al mando expulsado del cuerpo; solo podrá lavar su nombre si consigue que el sospechoso confiese; el padre de la última víctima también quiere hacerle confesar. El sospechoso va a pasarlo mal.

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Solo dos palabras para despachar este especial producto. Big Bad Wolves es una película bien realizada pero es la obra de dos desequilibrados que se regodean en el sadismo y quieren que el espectador -al menos el espectador normal- sufra lo indecible. Hay un malsano narcisismo en la exhibición de los preparativos de los utensilios con los que se disponen a arrancar la confesión al sospechoso, hay una violencia brutal, la tensión se alivia a golpe de humor negro. No en vano Tarantino (Los odiosos ocho) ha elogiado una película que parece obra de dos de sus discípulos.

El final, al igual que la primera secuencia, es notable.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Giora Bejach
  • Montaje: Asaf Korman
  • Música: Haim Frank Ilfman
  • Duración: 110 m.
  • Distribuidora: Filmax
  • Público adecuado: +18 años (V+)
  • Estreno en España: 21.5.2014

Israel, 2013. 

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Reseña
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.