Big Eyes

Big Eyes es otra decepcionante película de Tim Burton en la que se encuentran casi todos los motivos por los que a algunos buena parte de su obra nos resulta insoportable

Como platos

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Muy grandes se te quedan lo ojos después de ver esta película tan floja y desangelada. Inicialmente, era un buen presagio no tener que soportar a Johnny Depp campando a sus anchas con el piloto automático puesto entre lazos, colorines y personajes ojivales con los dedos recién sacados del enchufe.

El asunto, un poco trágico, es que el sustituto de DeppChristoph Waltz cada vez se parece más a Depp y empieza a ser un actor atrapado por un molde de personaje que distintos directores buscan con ahinco. Y claro, lo que sorprendía y hacía gracia hace varias películas, ahora parece un eco. Amy Adams lo intenta pero su personaje está tan mal escrito que no hay forma de sacarle partido.

Cuenta la película una historia supuestamente real de una pintora vampirizada pero, tal y como se cuenta, es difícil dar crédito a casi nada, a pesar de la cuidada ambientación de los 50 y los 60 que hace el equipo de Burton. Y terminas pensando que todos los personajes son de plástico.

Pero bueno, independientemente de la credibilidad, el problema de Big Eyes es que lo que cuenta es plano, hay una desgana, un decaimiento, una falta de chispa narrativa que raya con la astenia. La manera en la que se marcan los tiempos revela un bloqueo creativo severo, el carisma brilla por su ausencia y cuando a Burton le quitas el carisma lo que queda es muy poco. Algunos esperaban algo parecido a la brillante Ed Wood, teniendo en cuenta que Burton había encomendado a los guionistas de esa película escribir esta historia para desatascar su trayectoria. Tendrán que esperar. Esto es un quiero y no puedo del director californiano. Al menos, lo ha intentado. Veremos si remonta.

Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor