Big fish

Con Big Fish Tim Burton vuelve a destacar como creador de mundos y submundos habitados por per­sonajes increíbles y esperpénticos, propios de una imaginación colorista y mágica.

Crítica de Big Fish: Un cine fabulador

El primero que despertará será el pez”.  En Animales de los espejos, uno de los atractivos cuentos de Borges que recoge los sueños, deseos y miedos de los hombres, el pez aparece como un ser fugitivo y resplandeciente que enfrenta al reino especular y el humano. Esta zoología fantástica, ini­ciada con la mitología, confiere al pez un status de conocimiento mágico que lo convierte en una fuerza vital para los hombres y su mundo. Big fish recupera el subtexto borgiano de la leyenda y lo convierte en la historia de un espíritu, un espíritu libre y creador que vive en un pez y respira en un hombre.

- Anuncio -

Con Big Fish Tim Burton vuelve a destacar como creador de mundos y submundos habitados por per­sonajes increíbles y esperpénticos, propios de una imaginación colorista y mágica. Aun­que el arranque es algo confuso (resulta difícil determinar hacia dónde camina la historia), Big fish avanza paulatinamente hacia un mundo visualmente circense, de aventuras, cuentos dentro de cuentos y protagonistas de buen corazón. Basado en una novela de Da­niel Wallace, Tim Burton, aquel joven que comenzó como uno de los dibujantes estrellas de Disney, toma prestado elementos de sus películas anteriores, las “perfectas comunidades” de Eduardo Manostijeras, la espectacularidad de Batman o el infundado tenebrismo de Sleepy Hollow, pero no evoluciona. La película parece una práctica de sus me­jores trucos y recursos visuales (muy logrados) con una dirección de fotografía del perfeccionista Philippe Rousselot (Entre­vis­ta con el vampiro o El planeta de los simios), pero la ficción y la realidad no encajan, convirtiendo grandes escenas en anécdotas aisladas y desvinculadas de la historia principal.

El pez como metáfora de una ilusión permite una doble visión de la realidad y una do­ble interpretación del protagonista, Ed­ward Bloom joven (Ewan McGregor) y Ed­ward Bloom mayor (Albert Finney). Ade­más, supone el enfrentamiento del empirismo del mundo de las cosas representado en el personaje de Bill Crudup (Casi famosos) y el mundo de las ideas y de la imaginación. La interpretación de los actores es correcta y en algunos casos existen destellos interpretativos que pasan desapercibidos ante el barroquismo de la puesta en escena. Por eso, se agradecen los momentos de descanso burtoniano cuando vemos cómo la realidad aflora personajes reales como los de Albert Finney y Jessica Lange. Breve pero intenso.

La banda sonora de Danny Elfman, convertido ya en su inseparable colaborador, com­plementa la historia con la dosis necesaria de fascinación para que Big fish se convierta en una película agradable, divertida, que ha conseguido derrotar en la taquilla estadounidense a El Señor de los Anillos: El retorno del rey. Pero… los 14,5 millones de dólares en un fin de semana no impiden que Big fish se quede en una comedia sin excesivo poso.