Bolivia

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País: Argentina Dirección y guión: Israel Adrián CaetanoFotografía: Julián Apezteguia Intérpretes: Freddy Flores, Rosa Sánchez, Óscar Bertea, Enrique Liporace, Marcelo Videla, Héctor Anglada, Alberto Mercado

Estreno Argentina: 2001

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Observar la realidad desde la realidad. Eso es lo que hace Israel Adrián Caetano en Bolivia. Porque la mayoría de nosotros traducimos la inmigración y la pobreza a cifras impactantes y cumbres borrascosas. Por ejemplo, que en Bolivia 6 de cada 10 personas viven y mueren en la pobreza. Por eso este director uruguayo nos encierra en un bar de Buenos Aires para que notemos el sudor del inmigrante que ha tenido el privilegio de encontrar trabajo como parrillero. Y nos saca del bar en escasas escenas, las justas para enseñarnos la miseria de las calles de una ciudad que se agrieta.

Poco más que un escenario, 75 minutos en blanco y negro y un puñado de actores es todo lo que necesita Caetano. Pero sobre todo, la cinta se sustenta en unos honestos actores, que parecen no interpretar porque bastante tienen con (sobre)vivir: a Enrique, el dueño, se le ve en el cansancio que no aguanta más la rutina de sus clientes; la camarera paraguaya es la válvula de escape del parrillero recién llegado. Y luego están los clientes, que entran y salen pero de algún modo siempre están allí: un taxista endeudado y drogadicto, su amigo también taxista, un vendedor que no vende, un chapero en busca de clientes y algún que otro trasnochador. Todos en torno a Freddy, un inmigrante boliviano que no tiene ni 10 pesos para llamar a su familia.

Todos llevan vidas tan reales, tan comunes (por desgracia) y tan duras, que la cámara no se atreve a opinar sobre ellas, a juzgarlas. Por eso los planos son sencillos, fijos en su mayoría. La sobriedad narrativa era necesaria porque Bolivia se cuenta sola, la pantalla es solo el pellizco que nos despierta a la realidad de Freddy, a un par de días de su vida con los que nos podemos imaginar todos los demás. Este director uruguayo (Pizza birra faso, Historias de Argentina en vivo) ha escogido a un inmigrante boliviano, pero pudiera ser marroquí, argentino, palestino, colombiano, … Ellos también podrían encontrarse con el final que propone Bolivia, la tragedia cotidiana de que para algunos (siempre para los mismos) las cosas sí pueden ir peor.

Paloma R. de Landa