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Camino a Guantánamo

Dirección: Michael Winterbottom Guión: Matt Whitecross Fotografía: Marcel Zyskind Montaje: M. Winterbottom, M. Whitecross Música: Molly Nyman, Harry Escott Intérpretes: Farhad Harun, Arfan Usman, Rizwan Ahmed, Waqar Siddiqui, Shahid Iqbal Distribuidora: Alta Films

Reino Unido, 2006. Estreno en España: 26.05.2006

El horror

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Puede decirse -afirma Winterbottom, uno de los dos directores y ganadores del Oso de Plata a la Mejor Dirección en la última Berlinale– que esta película es en parte una road movie; en parte, una película de guerra; y en parte, una película de prisiones. A esto -a estar hecha de partes- se debe tal vez que Camino a Guantánamo no parezca una buena película, sin que se pueda decir que sea mala debido al apasionante hecho -real y actual y sucedido- que relata.

Cuatro amigos pakistanís, casi adolescentes, y de nacionalidad británica, parten de Londres a Karachi para la boda del mayor. Son capturados por la Alianza del Norte, en guerra contra los talibanes. En manos luego de los estadounidenses, tres de ellos -uno muere- quedan presos más de dos años en la base de Guantána­mo. Esto sucede desde septiembre de 2001 a marzo del 2004.

La estructura del guión es así: los protagonistas, con estos pocos años más -la película se realiza en 2006-, van contando a la cámara, y alternándose, su historia; completan o adelantan lo que las imágenes no mostrarán. Di­ce Winterbottom: “Sobre todo hemos pretendido contar la historia de estos chicos con sus propias palabras, dando su versión de lo que les pasó como lo haría un abogado”. ¿Có­­mo lo haría un abogado? Mucho mejor, mil veces mejor. Estos tres jóvenes cuentan a la cámara, nos cuentan, sin el rencor ni la acusación amarga -son ejemplares- que parece haber en cambio en la película de Winter­bottom/Whi­tecross

La película en sus imágenes, y en tono de documental -interpretada por tres actores de 19 años, y uno de 23 sin mucha experiencia de rodajes-, revive la terrible peripecia: humillaciones y torturas, privaciones, castigos físicos y psicológicos sufridos durante unos meses por sus captores de la Alianza del Norte. Otro tanto sufren esos tres jóvenes de los estadounidenses y británicos, y por más de dos años, en Guantánamo, junto a reiterados interrogatorios con los que se les quiere hacer confesar que son talibanes. Casi una casualidad permite que sean puestos en libertad sin cargos.

Toda una singular y tremenda historia, que hubiera tenido mayor fuerza contada como narración dramática. Porque un pseudo-documental de guerra y de prisiones, que acusa sólo a unos, manifiesta partidismo político… falta la otra parte. Sumadas parte y parte, dirían de modo más completo que la guerra es injusta e inhumana, demoníaca.

La narración dramática, que individualiza a las personas, es más propia del cine como arte, presenta más y mejor el sufrimiento y el dolor humanos.