Cartas desde Iwo Jima: Un islote ensangrentado

En colaboración con Spielberg, East­wood rodó en 2006 dos películas paralelas sobre los acontecimientos bélicos desarrollados durante la Segunda Guerra Mundial en la isla japonesa de Iwo Jima. Ca­beza de puente estratégico para ambos bandos, la victoria supondría un fuerte varapalo para el enemigo tanto geográfica como anímicamente.

Cartas desde Iwo Jima (aspirante a película, director, guión y sonido en los Oscar) aborda el conflicto desde la perspectiva nipona. Mientras Banderas de nuestros padres deja en un segundo plano la batalla para hacer una reflexión sobre la propaganda bélica y las repercusiones psicológicas provocadas en un grupo de soldados, Cartas desde Iwo Jima transcurre casi íntegramente en las estribaciones del islote, dando preferencia a la narración de las estrategias bélicas y a los conflictos interpersonales.

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Rodada íntegramente en japonés, la cinta tiene un relato mucho más interesante y rico en matices. Lejos de caer en los estereotipos y consciente del propio conflicto subyacente entre las tropas niponas, Eastwood desecha la presentación del país del Sol Naciente co­mo miembro diabólico del Eje del Mal, para centrarse en la historia personal de un puñado de hombres obligados a actuar coordinadamente a pesar de sus divergencias existenciales.

Tradición y modernidad

El mayor acierto de Cartas desde Iwo Jima estriba, sin du­da, en la plasmación del desmembramiento de la mentalidad feudal que imponía la obediencia ciega al Emperador y, por ende, a los superiores en cualquiera de los estamentos en los que se organizaba la sociedad. Gestado desde finales del siglo XIX, con la apertura de las fronteras tras tres siglos de reclusión, este desmoronamiento iba unido a la progresiva y fulgurante modernización que se introdujo en el país como consecuencia de la Res­tauración Meiji. A pesar de la gran capacidad de asimilación del pueblo japonés, la convivencia del pensamiento extranjero con el tradicional produjo contradicciones que fueron creciendo a lo largo del siglo XX.

Es de este conflicto del que se sirve East­wood para hacer el retrato de un Japón en constante progreso y, a la par, anclado en su legado milenario. La cinta plantea la tensión entre el deber contraído con los superiores y la patria y los anhelos personales. A través de los distintos personajes se perfilan y yuxtaponen los diversos estilos de pensamiento en una nación que exigía fidelidad y entrega absoluta. Desde el general instruido en Estados Unidos -interpretado por un magnífico Ken Watanabe-, pasando por los mandos intermedios cegados por el patriotismo, hasta llegar al soldado raso que sólo ansía salvar la vida, el guión de Iris Yamashita -basado en la novela Picture letters from commander in chief del general Kuribayashi– reproduce los códigos y los acontecimientos históricos sin ninguna concesión al espectador menos avezado: ya sea en la alusión a los fajines que usan los soldados para cubrirse el vientre -lugar en el que se halla el alma para los japoneses-, o en la referencia a los kempaitai -ho­mólogo japonés de la Gestapo-.

Al igual que en Banderas de nuestros padres, la trama se cons­­truye en tres tiempos narrativos: el relativo a la batalla de Iwo Jima, los pequeños flash-backs del pasado reciente de los soldados, y el tiempo presente en el que se descubren las cartas enterradas. Como ocurre en algunas de las películas de Eastwood, la escena final -que busca el clímax emocional y empático- se torna irrelevante y ajena al tono de la película, algo que ya sucedía con algunas escenas de la réplica americana. Aunque este retorno al presente quede justificado den­­tro del conjunto de la historia, se podía haber prescindido de él para crear un largometraje más completo y rítmico. A pesar de este pequeño desvío, la película mantiene su unidad e interés gracias a la labor de Yama­shita y al espléndido elenco actoral que da solvencia y entidad a todos los puntos de vista desde los que se aborda esa dialéctica interna.

Bella en su imperfección, cruda y certera en su representación de un conflicto bélico en el que a fin de cuentas todos son perdedores, Cartas desde Iwo Jima muestra la cara más desconocida de Japón en la contienda bélica. Eastwood radiografía una sociedad que nos es ajena y nos envía un puñado de misivas desde el infierno que, a pesar de tener un destinatario y remitente concretos, resultan de validez universal.

Ficha Técnica

  • País: EE.UU. (Letters From Iwo Jima, 2006)
  • Fotografía: Tom Stern
  • Montaje: Joel Cox, Gary Roach
  • Música: C. Eastwood
  • Duración: 140 m. Jóvenes-adultos
  • Distribuidora: Warner
  • Estreno: 16.II.2007
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