Inicio Críticas películas Cassandra’s dream (El sueño de Cassandra)

Cassandra’s dream (El sueño de Cassandra)

Dirección y Guión: Woody Allen Fotografía: Vilmos Zsigmond Montaje: Alisa Lepselter Música: Philip Glass Intérpretes: Ewan McGregor, Colin Farell, Tom Wilkinson, Hayley Atwell, Rally Hawkins, John Benfield, Clare Higgins, Ashely Medekwe Duración: 108 m. Público adecuado: Adultos Distribuidora: On Pictures

EE.UU., 2007. Estreno en España: 26.10.2007

- Anuncio -

· En línea temática y formal con Match point, esta película inglesa del director neoyorquino no da mucho de sí. Pero tiene su interés en el seguimiento de la fijación dostoievskiana del Allen anciano.

Dinero, dinero

La última película de Woody Allen, ro­dada en Londres y Brighton en los meses de julio y agosto de 2006 con un presupuesto de 19 millones de euros, se parece de algún modo a Match point, aunque es una película mucho menos lograda, más cerca de Melinda y Melinda (2004) y de Anything else (2003). Mal recibida en su estreno mundial en Venecia, la película ha hecho decir a bastantes críticos que Allen se equivoca al mantener su ritmo de película anual.

El sueño de Cassandra retrata la vida de dos hermanos de una familia de clase media inglesa, usando como motor narrativo la compra de un barco que los protagonistas quieren disfrutar en los fines de semana. Los temas que aborda la cinta son los habituales en el -llamésmole así- cine serio de Allen: la libertad, el compromiso, el sexo, el poder del dinero, la vanidad y el afán de autoestima, la conciencia en clave freudiana y Dios (bueno, en realidad dios con minúscula, porque al respecto Allen tiene una evidente cortedad de miras y una pobreza de discurso sonrojante). Como en Match point, el eje de giro de la historia es el afán por el dinero, con­cebi­do como un globo que permite ascender a toda prisa en la escala social.

“He tenido la posibilidad de trabajar con tres actores que ya son grandes estrellas y de los cuales admiraba su trabajo, a pesar de no haberles conocido nunca”, ha señalado Allen sobre el casting.

Es un apunte muy revelador porque Ewan McGregor, Colin Farell y Tom Wil­kinson se encargan de mantener a flote una pe­lícula que de lo contrario se hundiría. Y es que la cinta es discursiva en el retrato paralelo de la vida de los hermanos, con tramos aburridos y anodinos. Una vez más (y ya van varias) cabe decir que es como si Allen se pusiese el traje de Dos­toievski y las ropas le viniesen grandes.

La fotografía del húngaro Vilmos Zsig­mond (su segunda colaboración con Allen, después de Melinda y Melinda) realza el protagonismo de la climatología y sabe establecer diferencias entre los ambientes familiar y laboral.

En resumen, a pesar de no ser una película brillante, tiene cierto interés y un final que no dejará a nadie indiferente. Pa­ra acérrimos del septuagenario director neoyorquino.