Cielo de octubre: Una historia épica y vibrante

Cielo de octubre | Últimamente parecen abundar las películas sobre adolescentes descerebrados, dirigidas a la generación que los americanos denominan teen: chicos/as con edades comprendidas entre los thirteen y los nineteen años. Casi todos esos films nos presentan jóvenes irreflexivos, a la búsqueda de sensaciones nuevas, que piensan con el deseo y viven el instante. Generalmente son apolíticos e individualistas, impregnados de relativismo y de un hedonismo que les lleva a considerar el placer como algo que les pertenece.

Recientemente, una pequeña película titulada Cielo de octubre (1999) y dirigida por Joe Johnston (Océanos de fuego) se ha desmarcado de esa tendencia. Ciertamente sitúa la acción en el lejano 1957, pero acierta al primar -por encima de todo- la capacidad de superación y de ilusión propias de la juventud de todos los tiempos. Desgraciadamente, su duración en cartelera fue breve y su repercusión entre los espectadores escasa. Ahora, gracias a su comercialización en vídeo -y en DVD- es posible disfrutarla con calma en la sala de estar, y dejar que entre una bocanada de aire fresco en las torturadas cabezas de muchos adolescentes.

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El guión de la película está elaborado a partir de las memorias que escribió Homer Hickam, actualmente ingeniero de la N.A.S.A. Homer (Jake Gyllenhaal) es un chico normal: sentimental, imaginativo, quizá no muy buen estudiante, pero noble y gran amigo de sus amigos. El 4 de octubre de 1957 su vida quedó marcada por un hecho que impresionó al mundo entero: el lanzamiento y puesta en órbita del satélite ruso Sputnik I, con el que se abría la era del espacio. A partir de ese acontecimiento, Homer decide orientar todas sus energías -y las de sus escépticos amigos- al diseño de un cohete, y se propone llegar a ser ingeniero espacial.

Pero nuestro protagonista no parece darse cuenta de lo que es evidente para los demás: vive en un insignificante pueblo minero -Coalwod-, su padre es capataz de la mina, y el futuro profesional de los hijos está junto al de sus padres, bajo tierra y lejos de las estrellas. La lucha que sostendrá contra los inconvenientes que se le presentan -incomprensiones, dificultades económicas, familiares y académicas, problemas técnicos- llena el resto de la película hasta el happy end final, como así ocurrió en la realidad.

Con buen ritmo, el director (Joe Johnston) va intercalando las numerosas relaciones humanas que influyeron en la vida de Homer: con sus padres, con sus amigos, con su profesora, con algunos trabajadores de la mina, con la chica que le gusta, etc. Sin ñoñería ni didactismos -salvo en el innecesario discursito final, tan americano-, la película apuesta por un tratamiento visual clásico, huyendo de los efectos especiales y potenciando en ocasiones los emocionales, a través de unas interpretaciones sobrias y convincentes. La banda sonora de Mark Isham, que incluye conocidos temas de los años 50, contribuye a reforzar el tono épico y vibrante de la historia. Especialmente logrado resulta el ambiente familiar del protagonista, presidido por unos padres realmente enamorados, con defectos pero con una capacidad de honradez y de preocupación por los demás dignas de elogio.

Lo pretenda o no, el cine propone con frecuencia modelos de conducta. Unos modelos que es preciso analizar con mirada crítica, para no aceptar el gato por liebre que tantas veces ofrecen. Poco aportan esas películas escapistas a las que me refería al principio: ni pasarán a la historia del cine ni contribuyen a animar a una sociedad enferma de fatalismo y de empacho por el sexo. Al lado de éstas, Cielo de octubre destaca como una producción llena de optimismo, que incita a la magnanimidad y que ayuda a levantar la mirada -como diría el bueno de Buzz Lightyear– «hasta las estrellas y más allá».

Ficha Técnica

  • Fred Murphy
  • Mark Isham
  • País: EE.UU.
  • Año: 1999
  • Universal
Reseña Panorama
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Juan Jesús de Cózar
Crítico de cine. Director de Contenidos de European Dreams Factory