Confucio

Una vistosa biografía a viñetas que convierte a Confucio en persona y lo sitúa en su contexto. Obra valiosa, interesante, pero muy desigual. ** ½

Confucius, 2010 País: China Dirección: Hu Mei Guión: Khan Chan, Yanjiang He, H. Mei, Qitao Jiang Fotografía: Peter Pau Montaje: Zhan Haihong Música: Su Cong Intérpretes: Chow Yun-Fat, Zhou Xun, Lu Yi, Yao Lu, Chen Jianbin, Qiao Zhenyu, Zhang Kaili, Chen Ran 125 m. +16 años Distribuidora: Flins & Pinículas Estreno: 20.5.2011 

El dolor del sabio

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En Occidente, Confucio es más que un hom­bre, es la imagen de la sabiduría oriental, que suele ir asociada a algún epigrama. En Oriente, es un personaje más real, también asociado a la sabiduría. Es el sabio que ins­piró durante milenios a los filósofos orien­tales, y que siempre se destacó por su hon­radez y perspicacia. El trabajo de Hu Mei ha consistido en dar cuerpo a un mito, con­vertir la leyenda en un ser humano y po­nerle un contexto. Y aprovechar la ocasión para seguir transmitiendo el mensaje del maestro: políticos, hace falta ética; todos, hace falta educación.

Confucio fue discípulo del otro grande, de Lao Tse, nació en el año 551 a.C., y vivió 73 años. En la historia de China, ese perío­do es co­nocido como el de los Reinos Com­ba­tien­tes, tres siglos de guerras entre los siete rei­nos, hasta la unificación total a ma­nos del sanguinario y genial primer empe­rador. Hu Mei cuenta el último tercio de su vida, cuan­do su prestigio como pensador es tal que los reyes quieren tenerlo a su la­do, pa­ra aconsejarles. Confucio acepta un mi­niste­rio y aprovecha para poner en prácti­ca sus ideas, y ello lo conduce al exilio, por­que tu­vo éxito. Hay un descarado mensaje: la ambi­ción y las pasiones conducen al caos, la po­lítica suele degenerar en el caos por la fal­ta de ética de los políticos. Hace fal­ta éti­ca, hace falta educación, hay que ser pru­dentes y conocer las propias limitacio­nes.

Visualmente, Hu Mei utiliza recursos de los últimos grandes frescos del cine chino, co­mo Acantilado rojo, aunque ha sabido limi­tar los recursos para no diluir al héroe de es­te biopic entre espectaculares batallas. Na­rrativamente la historia está contada en vi­ñetas, cada una enunciada por un cartel del tipo: “En el año 499 Confucio es nombra­do ministro de justicia del reino Lu”, y a con­tinuación un breve relato, antes del siguien­te cartel ilustrador. La primera parte de la película está llena de aventuras y anéc­dotas de la historia del filósofo. La segun­da, el exilio, que es un simple vagar de un rei­no a otro, con algunos discípulos fieles, re­sulta tan repetitiva como tediosa.

Sin duda se trata de una obra valiosa, inte­resante pero muy desigual. Hay grandes mo­mentos, intensos, dramáticos; junto a otros simplemente anodinos. El trabajo de Chow Yun-Fat es extraordinario, pero no evi­ta que la parte final se haga pesada.

Fernando Gil-Delgado


Fernando Gil-Delgado
Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.