Copying Beethoven: Magistral

Copying Beethoven |A veces, la escasez de grandes premios significa más bien poco. Y para ejemplo esta magistral película de la polaca Agnieszka Holland. Fue la gran ausente del palmarés del Festival de San Sebastián donde, por otra parte, gustó tanto a la crítica como al público. Tampoco, y a pesar de aparecer en todas las quinielas, estuvo nominada para los Oscar. Los premios tienen estas cosas.

Viena, 1824. Víspera del estreno de la Novena Sinfonía. Se precisa con urgencia un copista que termine las partituras originales antes de meterlas en la imprenta. Desde el conservatorio envían una alumna de 23 años, Anna Holtz. El agobiado editor de Ludwig Van Beethoven introduce a la temerosa Anna en la guarida del compositor, aún sabiendo que Beethoven, sordo, colérico y exigente, detesta trabajar con mujeres.

Copying Beethoven no es una película sobre un músico, tampoco sobre un músico y su aprendiz, ni sobre una época. Es todo lo dicho pero, antes que nada y después de todo, es una película sobre la música, sobre dos obras musicales absolutamente revolucionarias. Una, la Novena, recibida con delirio; la otra, los postreros Cuartetos de cuerda, despreciada en su momento y tremendamente valorada con el paso de los años.

La película lee con extraordinaria agudeza la vida y la obra de un músico que triunfó en vida, una vida con muchos sufrimientos. Grandilocuente, brillante, generoso, implacable y a la vez bondadoso, Beethoven dominó el panorama cultural europeo del primer cuarto del siglo XIX. A diferencia de sus antecesores, Beethoven gozó de una gran reputación durante su vida. «Beethoven fue el primer músico independiente de la historia -señala con agudeza el guionista Christopher Wilkinson-, componía según sus normas, no dependía de nadie, como era costumbre hasta entonces, no dependía de un trabajo a sueldo para la iglesia o la familia real. Creía que el talento debía valorarse por encima de los linajes y los títulos, un pensamiento muy radical para aquella época». Viene al caso, aquello -tan gráfico- del musicólogo Harold C. Shoenberg en su libro Los grandes compositores: mientras que Mozart orbitaba alrededor de la aristocracia, Beethoven abría las puertas a patadas, irrumpía y se ponía cómodo.

Copying Beethoven
Copying Beethoven

Un soberano guión

El guión entra sin complejos -muy meritoria opción en estos engreídos tiempos de patético nihilismo de salón- en un territorio que hay que pisar si se quiere entender la música del genio alemán: la música como expresión artística sublime de la fortísima y tumultuosa relación entre un artista y su Dios, que le anega de Gracia mientras permite, paradójicamente, que sea profundamente infeliz, que no logre el amor de una mujer, que sufra lo indecible por no poder escuchar la música que compone.

Lo que acabo de escribir no es una interpretación: está en el guión de Copying Beethoven, y lo que es más importante, está en la vida del compositor, la primera relativamente bien conocida de la historia de la música.

La realizadora polaca Agnieszka Holland (Europa, Europa; El jardín secreto) ha contado con unos actores portentosos. Que Ed Harris es un gran actor lo sabíamos casi todos. Un colega me comentó, a la salida del pase, que Harris estaba sobreactuado. Craso error, Beethoven era así: basta recurrir al testimonio de Goethe, que trató al compositor, para saber que era un tipo muy difícil de tratar, sucio, desordenado, imprevisible, en ocasiones, grosero.

Lo de Diane Krüger es una auténtica revelación, porque la actriz alemana afincada en París compone magistralmente un personaje difícil, una mujer muy cualificada pero desprovista de genio, que tiene que dar la réplica a una bestia, como se llama aBeethoven en la película: una bestia que primero atemoriza al público y termina devorándolo en el vértigo de una música de belleza arrebatadora.

Holland (Varsovia, 1948) se formó en la escuela de cine de Praga. Ayudante de dirección de  Zanussi, trabajó como guionista con Wajda. Esa formación se aprecia en una notable potencia visual, en la que brilla la extraordinaria planificación de la larga secuencia del concierto (14 minutos de verdadero éxtasis musical), diseñados utilizando en todo momento un pormenorizado storyboard realizado por la hija de la realizadora.

Por otra parte, Holland es una buena lectora como ya demostró en El jardín secreto y precisamente por eso extrae petróleo del excelente guión de Rivele y Wilkinson (Alí, Nixon): lo traslada a la pantalla con intensidad, fortaleza, profundidad y amenidad, usando las estrategias combinadas del cine de autor y del cine comercial.

Basta detenerse en la secuencia del bautismo expiatorio -que eso es y no otra cosa- del Beethoven exhausto y necesitado de una señal divina, al intuir la cercanía de la muerte o en la explicación previa del maestro a la discípula sobre la Gran Fuga para darse cuenta de que esta película es, en muchos aspectos, muy superior a la aclamada Amadeus -cargante y magistral a partes iguales-. Y todo, con bastante fidelidad a la historia (léase la asequible y estupenda biografía del gran Emil Ludwig), a pesar del legítimo recurso de inventar el personaje de Anna, Anna Holtz todo seguido, como la llama Beethoven-Harris, con un rudo y sardónico afecto por el que va asomando una gran ternura.

La versión en DVD añade entrevistas con Ed Harris, Diane Kruger y la propia Agnieska Holland que, a pesar de su oficio de cineasta,  no duda en señalar la supremacía de la música sobre el cine. “No creo que ninguna película aguante el paso del tiempo como las grandes obras musicales. El cine es algo más efímero y mucho más parecido al puente de Martin Bauer (*)”.

(*) En la película, Martin Bauer es un joven arquitecto, novio de Anna, la ayudante de Beethoven. Bauer ha diseñado un puente y Beethoven visita una exposición donde se expone la maqueta, en una importante escena de la película.

Ficha Técnica

  • Ashley Rowe
  • Alex Mackie
  • Maggie Rodford
  • Warner
  • 104 minutos
  • Jóvenes
EE.UU/Reino Unido/Hungría , 2006