Corazón gigante: Un descubrimiento

· Corazón gigante | La película da en la diana al mostrar el contraste entre la inocencia interior de un hombre generoso y una sociedad absolutamente corrompida por su culto a la imagen y su rendición a la ley del más fuerte.

Los espectadores se quejan, con razón, de que a veces es difícil acceder a según y qué películas. Suelen ser cintas pequeñas que se estrenan solo en algunas ciudades, con muy pocas copias y con poca información. Cuando consigues encontrar dónde se proyecta, lo más probable es que ya haya desaparecido.

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Al crítico le puede pasar lo mismo. Hay viernes en los que se estrenan hasta 15 películas, hay títulos que -por su tirón comercial- no puedes plantearte no escribir y del resto -pueden quedar 7 u 8- seleccionas como puedes. Consciente de que, quizás, esa peli vietnamita rodada con 3.000 euros y un solo plano puede cambiar la Historia del Cine pero, consciente también, de que no tienes dos horas para comprobarlo.

Sirva esta introducción para contar que Corazón gigante entró en la misma categoría que la peli vietnamita. La cinta islandesa con título de Hello Kitty y protagonizada por un tipo descomunal vestido de obrero no paso la criba. O, mejor dicho, no pasó la criba durante semanas (las que se suele tardar en ir preparando la selección de películas). Pero los críticos también tenemos nuestro propio boca-oreja y me empezaron a llegar ecos positivos. Yo me suelo mantener firme en mis selecciones porque, además, los críticos somos ciclotímicos muchas veces y cuando llevas años trabajando con la gente sabes de qué pie cojea cada uno y colocas los elogios y críticas desmesuradas en su sitio. Pero reconozco que esta vez la insistencia -de, como si nada y hablando de otro tema, te lo repito en un mail- fue calando y decidí pedir un código (esa pequeña clave cifrada que va a terminar con las pocas horas de sueño del crítico medio).

Utilicé el código y descubrí que estaba a punto de perderme una pequeña joya. Corazón gigante es la historia, sí, de un hombre-armario que ve en los demás lo que, muchas veces, los demás no descubren en él. Que detrás de un determinado físico, de una simpatía natural o de unas habilidades sociales, hay una persona y hay un corazón infinitamente más valioso que el envoltorio. Corazón gigante da en la diana al mostrar el contraste entre la inocencia interior de un hombre generoso y una sociedad absolutamente corrompida por su culto a la imagen y su rendición a la ley del más fuerte (que además no es fuerte sino simpático, atractivo o simplemente popular).

Reconozco que no había visto nunca mostrar de una manera tan clara el efecto disolvente del amor e incluso de la amistad que provoca la hipersexualización actual. Un modo de mirar a las personas y las relaciones entre ellas en clave física y sexual antes que personal. Una forma de relacionarse que sigue unos parámetros de seducción, atracción, deseo y posesión que dejan fuera, no solo a aquellos que, como nuestros protagonistas, tienen alguna carencia física o de salud sino, en realidad, a todos aquellos que -también como nuestros protagonistas- tienen un corazón grande, conservan una cierta inocencia y se niegan a tratar al otro como objeto.

Corazón gigante deja una sensación agridulce, no solo por su final abierto, sino porque subraya con fosforito que algo estamos haciendo mal como sociedad cuando ponemos a capitanear al equipo a modelos que intoxican lo que tocan (da igual que sea el amor, el trabajo, la amistad o el simple compañerismo) mientras dejamos en el banquillo a personas que deberían estar jugando los 90 minutos que dura el partido.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Rasmus Videbæk
  • Montaje: Andri Stein Gudmundsson, Olivier Bugge Coutté, Dagur Kari
  • Música: Slowblow
  • Duración: 94 min.
  • Público adecuado: +18 años (DX-)
  • Distribuidora: Surtsey
  • Finlandia (Fúsi -Virgin Mountain-), 2015
  • Estreno: 13.5.2016
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