Blue Jasmine

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Blue Jasmine

Woody Allen recupera en Blue Jasmine el pulso dramático con una cinta bien interpretada que, con todo, no está entre lo mejor de su filmografía 

Dirección y Guión: Woody Allen Fotografía: Javier Aguirresarobe Montaje: Alisa Lepselter Música: Christopher Lennertz Intérpretes: Cate Blanchett, Alec Baldwin, Peter Sarsgaard, Michael Emerson, Louis C.K., Alden Ehrenreich, Sally Hawkins, Charlie Tahan, Max Casella Duración: 98 m. Distribuidora: Warner Público adecuado: +16 años (SD)

EE.UU., 2013. Estreno en España: 15.11.2013

En mitad de la tabla

Jasmine lo tuvo todo: un marido rico, casas, barcos, fiestas y lujos. Aquello se acabó y ahora vive del re­cuerdo mientras comparte con su hermana un pequeño apartamento en San Francisco.

Woody Allen venía de donde venía: de rodar la flo­jísima A Roma con amor, una cinta que no defendieron ni los acérrimos defensores del famoso cineas­ta neoyorquino (que los tiene). Después de se­mejante fiasco, la crítica ha acogido con benevolencia general e incluso entusiasmos puntuales esta cin­ta más agria que dulce (no podía ser de otra for­ma tratándose de Allen) y más dramática que cómi­ca. En el horizonte de Blue Jasmine está Match Point, por su tono oscuro y sus referentes literarios (en la se­gunda, Dostoievski, y aquí Tenesse Williams y su tranvía llamado deseo) aunque, en este caso, el re­sultado se queda muchos escalones por debajo.

En la liga personal que juegan las películas de Woody Allen (si ruedas una cinta por año es fácil hacer ranking con tu filmografía), Blue Jasmine estaría justo en la mitad de la tabla. No está entre lo peor de Allen ni mucho menos, pero tampoco entre lo mejor. La pe­lícula cuenta con una actriz como la co­pa de un pi­no –Cate Blanchett– que aquí está simplemente sen­sacional. Blanchett se echa la película a la espal­da y le brinda al espectador una de esas interpretaciones multi-registros que suelen premiarse con un me­recido Oscar. La réplica se la da otra magnífica actriz, Sally Hawkins, perfecta en un personaje -el de la hermana patito feo- de bastante com­plejidad. Ade­más, la película hace una feroz y cer­tera crítica a una sociedad dispuesta a sacrificar lo más sagrado por el dinero. Iba a buscar alguna fra­se grandilocuente que adornara esta contundente afir­mación, pe­ro es mejor no buscarle paliativos porque lo que mue­ve la acción en Blue Jasmine es algo tan básico co­mo eso.

El panorama que pinta Allen es negro, también sin paliativos. Su cinismo -en otras ocasiones festi­vo- es aquí profundamente agrio. No hay personaje que se salve, no hay posibilidad de redención. Las re­laciones afectivas, sexuales y familiares son solo un medio de escalar socialmente. Un medio, en el fon­do, para comprar bolsos de Louis Vuitton. En rea­li­dad y, con diferentes matices, Woody Allen vuelve a contar la misma historia amarga de siempre con idén­tico mensaje desesperanzado. Como lo lanza una vez al año, no me da tiempo a que se me olvide, pero tam­poco me brinda originalidad para que me sorpren­da. Me quedo -como su película- en mitad de la tabla. Y a pesar de las magníficas actrices, ni fu ni fa.