Crimen ferpecto

Crítica Crimen Ferpecto: Peligrosa ambición

Crítica Crimen Ferpecto.

Rafael (Guillermo Toledo) es un joven codicioso que se desenvuelve a la perfección en su medio, un centro comercial. Allí, en la sección de señoras es envidiado por todos debido a su enorme talento, sólo ensombrecido por la presencia de Don Antonio (Luis Varela), encargado de la sección de caballeros, con el que compite por el puesto de Jefe de Planta. La perfección es algo innato en Rafael, pero durante una acalorada discusión con Don Antonio, éste sufre un accidente y todo se tuerce. El chantaje al que se verá sometido por su poco agraciada compañera Lourdes (Mónica Cervera) le sumergirá en la esquizofrenia.

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Lourdes es la «pobrecilla» que representa todo lo que Rafael más odia, mientras que el centro comercial es su antagónico; la música de ambiente, las tonalidades adecuadas, el perfume, la elegancia y el buen gusto. Como ya ocurriera en La comunidad, el edificio se convierte en un protagonista más de la historia.

Vuelve Álex de la Iglesia, recuperado del fracaso de su anterior filme 800 balas, y ataca con un thriller cómico (a su manera) y comercial, recuperando la frescura macabra que empleara en La comunidad o en El día de la bestia. Desde el principio Rafael marca claramente lo que es para él el éxito con un impresionante monólogo que nos presenta a un tipo sin escrúpulos; el mejor vendedor que jamás haya existido.

Aunque confía en que muchos medios corregirán el error tipográfico del cartel, Álex lo eligió porque se intuye que algo no va bien. La pantalla refleja el carisma de Guillermo Toledo, un hombre engrandecido que de repente ve cómo se hunde su imperio. Mónica Cervera es uno de los nuevos rostros del cine español. Su primera incursión en el mundo cinematográfico fue de la mano de Ramón Salazar en el corto Hongos, y posteriormente en Piedras del mismo director. Con Hongos ganó una veintena de premios a la mejor actriz y se metió en el bolsillo a Álex de la Iglesia, que confeccionó el papel de Lourdes pensando en ella. Las progresiones esquizoides de ambos personajes son lo mejorcito de la nueva película de nuestro Tarantino particular, que por eso mismo (porque es Tarantino en versión celtíbera) se desmelena en plan comadre cuando toca baldear la pantalla con sangre, sexo y violencia.

El reparto lo completan los veteranos Luis Varela, rescatado para el cine después de muchos años de ausencia, que acompaña en su locura a Rafael, y Enrique Villén como inspector de policía en un papel poco elaborado. La pareja de «pelotas» formada por Fernando Tejero (parece una moda incluir a este actor en toda película española que se precie) y Javier Gutiérrez añade inesperados golpes de humor a este disparatado crimen perfecto.

La película se rodó entre Madrid, Barcelona y Sevilla, pero los escasos exteriores (prefiere el cine claustrofóbico) son de la Plaza del Callao de Madrid y alrededores, que se han convertido para el director en un set ferpecto en el que emplazar sus producciones.

Teresa Barceló