Emboscada final

Crítica de la película

Ficción y realidad que se devoran mutuamente hacen de la película una propuesta muy interesante. Da que pensar

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Emboscada final

· Emboscada final. Hancock evita la tentación mitificadora y entrega una película inteligente, seca y amarga. La historia de la caza de unos asesinos.

Seca y amarga

Cuando John Ford rodó esa maravillosa película en blanco y negro titulada El hombre que mató a Liberty Valance (1962) sabía que el célebre “Print The Legend” que aparece en esa historia de violencia americana haría correr ríos de tinta. Ford no tenía un pelo de tonto y sabía lo que llegaba. Cinco años después, en 1967, Arthur Penn estrenó en vistoso Technicolor Bonnie and Clyde, en la que unos forajidos (atracadores y asesinos) son tratados como estrellas cinematográficas de una manera que el cine negro nunca usó, ni siquiera en obras maestras tardías como Atraco perfecto (1956) de Kubrick. La historia se prestaba a ello, porque no hay que olvidar que los delincuentes Clyde Barrow y Bonnie Parker eran grandes admiradores del cine y en su delirio criminal querían ser estrellas.

John Lee Hancock (tejano de 62 años) escribió el excelente guión de Un mundo perfecto (1993). Allí conoció a Kevin Costner, que ahora produce y protagoniza esta The Highwaymen, que nos llega vía Netflix con el espantoso título que tienen arriba. Los 50 millones de presupuesto se notan y el rodaje en localizaciones de Luisiana depara secuencias muy logradas que incluyen un retrato verosímil de la Amércica de la Gran Depresión.

Estamos en 1934 y dos Rangers retirados forzosamente al liquidarse ese cuerpo policial, reciben el encargo de dar caza a la banda de atracadores que ya ha asesinado a diez personas y lleva dos años escapando de la persecución policial. Costner y Harrelson componen a unos personajes que matan intencionadamente el glamur legendario de una historia que ha tenido muchos trovadores, empeñados en mitificar a dos perturbados sanguinarios. Los que les dan caza no son hermanas de la Caridad. Son tipos que si dan una carrera se ahogan y que no están muy satisfechos de la gente que han matado. De esto va la película.

Hancock niega los focos, las cámaras lentas y los travellings de seguimiento a los asesinos y hay quien no se lo perdona. El tono marchito del relato, su caracter pedestre, a mi me parecen muy inteligentes, aunque eso implique pasajes tediosos.

Ficción y realidad que se devoran mutuamente hacen de la película una propuesta muy interesante. Da que pensar. Ese morbo popular, el amarillismo de la prensa, el síndrome de Robin Hood… Los entusiastas del mito, con toda esa chatarra verbal hagiográfica, quizás debieran saber que en gran medida los criminales escaparon durante dos años porque conducian sin parar durante muchas horas cambiando de Estado, durmiendo al raso o en el coche tras cada asesinato o atraco, comiendo bocadillos…

La tentación de presentar a los policias como heroicos caballeros andantes también estaba muy a la mano. Y Hancock tampoco cae en ella. Bien por él.

Reseña Panorama
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Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor