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La lista de Schindler

Crítica de la película

La reposición en pantalla grande de La lista de Shindler permitirá apreciar de verdad la mejor película de campos de concentración que se ha rodado

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La lista de Schindler

· La lista de Schindler obtuvo 12 candidaturas y ganó 7 Oscar, incluidos mejor película, mejor guion y mejor dirección.

La lista de Schindler: Casi perfecta

Los Oscar de aquel año (1994) dieron el espaldarazo definitivo a Steven Spielberg quien, tras haber ganado una fortuna colosal y haberse consagrado como grandísimo director de películas de acción y aventura (Tiburón, E.T., Encuentros en la tercera fase, En busca del arca perdida), llevaba tiempo intentando ganar el favor de la crítica y las estatuas de Hollywood, cosa que le era negada sistemáticamente año tras año (El imperio del sol, El color púrpura).  La lista de Schindler obtuvo 12 candidaturas y ganó 7 Oscar, incluidos mejor película, mejor guion y mejor dirección. Como suele suceder en estos casos, una grandísima película arruina la suerte de otras que, en años menos notables, habrían conseguido una merecida estatua: en 1994 fueron ninguneadas La edad de la inocencia, Lo que queda del día y En el nombre del padre.

La lista de Schindler es una película basada en la novela El arca de Schindler del australiano Thomas Keneally donde se contaba la extraordinaria historia de Oskar Schindler, un empresario alemán que salvó a cientos de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Schindler es presentado como un hombre normal, incluso como algo peor que lo normal, un empresario avispado que va a lo suyo descaradamente, egoista, mujeriego, jugador, bebedor y que aprovecha la política para que sus negocios prosperen; monta una fábrica con mano de obra baratísima, prisioneros judíos. Lo que comenzó como un simple aprovechar la coyuntura se convierte después en un caso de conciencia. Cuando comienza la guerra, cuando los campos de exterminio funcionan, cuando se le cae la venda de los ojos, Schindler se implica y se juega la fortuna y la vida por sus trabajadores, y sus fábricas contribuirán a que Alemania pierda la guerra.

La historia merece ser bien contada y bien entendida, tres horas y cuarto dura la película, y se pasan casi sin darse cuenta lo que es un test infalible de la calidad de Spielberg. La lista de Schindler fue rodada en blanco y negro para guardar el sabor de los documentales bélicos y de campos de concentración; comienza con Oskar Schindler haciendo campaña entre jerarcas del partido y militares, para conseguir favores y encargos. Cuando estos finalmente llegan, el juego se reparte entre tres actores: Schindler por una parte, que necesita obreros; Itzhak Stern, judío, será su capataz, gestor de la fábrica y hombre pendiente de todos los empleados –reales e imaginarios- que dependerán de esa fábrica y de Schindler. Amon Goeth es el sádico director de un campo de prisioneros, con quien habrá que negociar para conseguir mano de obra. Elegir un obrero significa sacarlo de las garras de Goeth. La lista, dirá Stern, es el arca de Noé, los que en ella entren se salvarán del diluvio.

El guion sabe tratar la gran historia y los detalles íntimos, incluye a decenas de personas y ninguna es trivializada; todas ellas han sido cuidadas con detalle. Naturalmente los tres principales se revelan de una complejidad pasmosa y esta película lanzó definitivamente la carrera de Liam Neeson y Ralph Fiennes, y relanzó la de Ben Kingsley, en horas muy bajas tras el Oscar que recibió con Gandhi. La película no trata de gente sino de personas, esta idea da un fruto afortunado en la escena de color: en pleno desalojo de gueto de Cracovia se ve a una niña a la que se distingue porque se ha coloreado su abrigo de rojo. Más tarde se verá ese abrigo entre cadáveres. Sí, hay secuencias brutales, y Spielberg juega con los sentimientos del espectador, pero pocas escenas son gratuitas y casi todas son memorables; sin ir más lejos la secuencia del gueto es magistral y dura casi veinte minutos. La banda sonora de John Williams también se llevó un Oscar.

Al final de la película Schindler, que salvó a 1.100 personas, llora de pena por no haber salvado a alguno más, con un esfuerzo suplementario habría podido salvar a otro. Después, viene el homenaje final contemporáneo, en Israel, un pelín largo y efectista, muy norteamericano, pero legítimo.

La reposición en pantalla grande permitirá apreciar de verdad la mejor película de campos de concentración que se ha rodado.

Reseña Panorama
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.