CRÍTICA Naúfrago: Buena película a la mayor gloria de Tom Hanks

El oscarizado protagonista de éxitos como Philadelphia o Forrest Gump se ha embarcado en una larga y arrisgada fábula en tres tiempos. Y ha salido a flote. Naúfrago es una notable película, espectacular por momentos, quizás algo desaprovechada.

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En su carrera hacia el tercer oscar, Tom Hanks ha buscado dos valores seguros. Por un lado, el infalible, aunque poco original, tema de Robinson Crusoe. Por otro, un director más que solvente, Robert Zemeckis. De nuevo el hombre moderno cae en una isla desierta, en un kilómetro cero de civilización, cara a cara con la naturaleza.

La originalidad del relato estriba en situar a un moderno ejecutivo de una empresa de mensajería en el papel de Robinson. Chuck Noland es un buen hombre. Adora un trabajo que le tiene constantemente pendiente del reloj: el tiempo es oro, cada segundo es precioso. Esta obsesión por controlar el tiempo enturbia, aunque no demasiado, su perfecta relación con la encantadora Kelly. Chuck es moderadamente feliz. Pero la organizada vida de Chuck se va al traste por un accidente de avión, que le deja completamente solo en una diminuta isla del Pacífico. La lucha por la supervivencia y el tránsito por el siempre interesante borde de la locura absorben la película. El guión encuentra recursos ingeniosos y efectivos para no caer en un aburrido pseudodocumental antropológico. Al contrario, el magnífico escenario, los mencionados recursos del guión y la actuación de Tom Hanks hacen de esta segunda parte la más espectacular e intensa de la película, aunque se intuye que no es la más decisiva.

Ésta llegará más tarde, en unas circunstancias que no conviene reseñar aquí para no romper la intensidad de la narración. La experiencia radical de Chuck en la isla le ha transformado en otro hombre que debe afrontar un terrible dilema. Y aquí es donde la película rechina levemente. Porque, en conjunto, la película funciona. El ritmo es el adecuado, algo imprescindible en una película de más de dos horas. Y Tom Hanks no resulta, en general, excesivo, algo muy de elogiar en un papel tan dado a la sobreactuación. Pero queda una cierta sensación de poca consistencia en el conflicto final. Está bien planteado y mejor resuelto, pero no había ya tiempo para extenderse en desarrollarlo. El Tom Hanks de los 30 kilos perdidos en el rodaje debía acapararlo todo. Maldito Star System.