Inicio Críticas películas Crónica de un asesino en serie

Crónica de un asesino en serie

Dirección:Bong Joon-ho Guión:Bong Joon-ho, Shim Sung-Bo Fotografía:Kim Hyung-Ku Montaje:Kim Sun-Min Música:Iwashiro Taro Intérpretes:Song Kang-Ho, Kim Sang-Kyung, Kim Roe-Ha, Son Jae-Ho, Byun Hee-Bong, Koh Seo-Hee, Park No-Sik Distribuidora:Alta Films

Corea del Sur, 2004. Estreno en España: 21.05.2004

Torpes hijos de la luz

- Anuncio -

El mal, presentado en una película por me­dio de un criminal que se oculta, un asesino y un detective, o la policía en su búsqueda, parece un mal menor; tal vez porque adquiere primero interés la búsqueda, el ocultamiento, esa peripecia en definitiva, y el mal surge sólo de cuando en cuando -la víc­tima- como para mantener el juego de “policías y ladrones”, de detectives y asesinos.

Quien no tome así este antiquísimo género literario (Caín mató a Abel y mentía, y se ocultaba…), no podrá disfrutar del peculiar mo­do como disfrutamos los adictos al género negro o, al menos, género oscuro. El director de esta película (34 años cuando la hizo en 2003, es su segundo largometraje) dice que también le encantan las películas de crímenes.
Sin embargo, ésta tiene una característica im­portante que no le permitió tratarla sólo co­mo un juego de suspense: está basada en he­chos reales, y el director -así lo dice- no que­ría ofender a las familias de las víctimas con un tratamiento frívolo o falto de seriedad.

Define perfectamente su Crónica de un ase­sino en serie al contrastarla con y al alejarla de El silencio de los corderos: ésta es un brillante juego intelectual. Crónica de un ase­sino en serie, muy a propósito, ha querido ser en cambio realista, y así ha mezclado lo cómico con el horror. Quizá la palabra cómico sea un poco excesiva: se trata de un torpe detective de la policía local de la pequeña ciu­dad de Gyunggi, en Corea del Sur, y de su primario ayudante; a pesar de que es adherido al caso un policía de Seúl, los escasos medios y los ineficaces métodos de investigación son la causa de un cierto humor de fondo, con alguna situación aislada, sí, cómica. Pero el horror está en la serie de mujeres violadas y asesinadas, y eso sucede en las afueras o en el campo próximo a esta localidad, don­de nada es brillante ni agudo, ni limpio ni exacto. Donde no hay ni riqueza ni lujo, sino una mediocridad desorganizada, sucia y oscura. Incluso hay momentos de realismo sórdido, es decir, indecente. Sólo es limpio el de­seo de justicia, y luminoso.

Estos tres personajes de la investigación po­­licial adquieren verdadera humanidad, autenticidad: la inicial discordia entre los dos pro­vincianos y el venido de Seúl; sus cambios interiores ante la espantosa realidad de esos crímenes, y la imposibilidad de descubrir al asesino… Nada parecido a los típicos tópicos del policía-usa con sus tics y gesticulaciones repetidos, movimientos velozmente irreales y sus frases tan vacías. (¿Por qué hay que ridiculizar al cine usa para alabar esta película coreana? Porque sí. ¡Por­que ya está bien de esa apisonadora encefálica!).

No sin razón (esta vez con mucha razón), Bong Joon-ho obtuvo en San Sebastián 2003 la Concha de Plata a la Mejor Dirección.