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Cuentos de Tokio

Dirección: Yasujiro Ozu Guión: Y. Ozu, Kôgo Noda Fotografía: Yuharu Atsuta Intérpretes: Chishu Ryu, Chieko Higashiyama, Setsuko Hara, H. Sugimura Montaje:Yoshiyasu Hamamura Distribuidora: DeAPlaneta Música: Kojun Saitô

Japón, 1953. Estreno en España: 21.11.2003

Un maestro en humanidad

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El centenario del nacimiento de uno de los gran­­des maestros de la historia del cine, el japonés Yasujiro Ozu (Tokio, 1903-1963), ha propiciado el reestreno de dos de sus obras más reconocidas, Cuentos de Tokio (1953) y Buenos días (1958), la primera en blanco y negro y la segunda en color. Cuentos de Tokio cuenta el viaje de ida y vuelta de un matrimonio mayor desde su casa hasta To­kio, donde viven dos hijos casados y una nuera viuda.

La apabullante sencillez y cotidianidad de esta película circular es compatible con una gran hondura en el retrato, afectuoso y compasivo, de unos personajes que conforman un fresco muy vivo y variado del Japón de la posguerra; de los cambios que se van introduciendo en la educación, en los modelos de conducta, en las relaciones padres-hijos, en el equilibrio vida laboral-vida familiar.

Ozu no caricaturiza, prescinde de discursos artificiosos y hace gala de una mirada extraordinariamente caritativa sobre las grandezas y las miserias de los seres humanos. Una mirada que ha seducido e inspirado la obra de otros grandes cineastas, co­mo Kau­ris­mäki y Wenders, que han confesado su deuda con Ozu. De la mano de Noda, su fiel amigo y guio­nista, Ozu despliega una desbordante capacidad para enfrentarse con temas de gran calado con una ab­soluta falta de afectación o de énfasis, que es, si cabe, más llamativa cuando se repara en la belleza poética de sus películas, rodadas con absoluta precisión, con una cámara a tiempo contemplativo, anclada humildemente a la altura del tatami para que el espectador pueda introducirse en las modestas viviendas como un personaje más, nunca como un mi­rón displicente o esteticista.

Las memorables interpretaciones de los protagonistas de Cuentos de Tokio son un placer poco frecuente. Los espectadores podrán disfrutarlas en versión original y en pantalla grande. Sin lugar a dudas, una de las películas más grandes desde que el mundo es cine, que constituye además una oportunidad para que el espectador occidental se acerque a la idio­sin­crasia de un pueblo que, en su momento, antes de los furores globalizadores, reconoció a Ozu co­mo el artista que mejor había captado sus esencias.

Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor