Desgracia

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Esta adaptación de la novela de Coetzee se ha quedado con los hechos pero no logra hacer creíbles a los personajes, a pesar del buen trabajo del reparto

Dirección: Steve Jacobs Guión: Anna-Maria Monticelli Fotografía: Steve Arnold Montaje: Alexandre de Franceschi Música: Antony Partos Intérpretes: John Malkovich, Jessica Haines, Eriq Ebouaney, Fiona Press  Duración: 120 m. Público apto: +18 Distribuidora: Golem

Australia/Sudáfrica (Disgrace), 2008. Estreno en España: 31.7.2009

Excesivo bagaje literario

David Lurie (intenso John Malko­vich), un maduro profesor de literatura de la universidad de Ciudad del Cabo, con un fuerte y amoral impulso sexual, pierde su trabajo y prestigio tras man­­tener un breve affaire con una alumna de color. Para huir de todo ello, se va a vivir a casa de su hija lesbiana, en la Su­dá­frica profunda. Ambos sufrirán un vio­len­to episodio, producto de la nueva si­tua­ción que vive el país, con el apartheid recién superado.

Aun sin haber leído la novela del premio Nobel J. M. Coetzee en la que se ba­sa el filme, sigue siendo fácil deducir las inmensas dificultades con las que se ha­brán encontrado los prácticamente novatos Ste­ve Jacobs y Anna-Maria Monti­ce­lli a la ho­ra de trasladar el libro a la pan­talla. Lo­gran que la fuerza emocional de lo que se cuenta y la relevancia del co­mentario social y político permanezcan prác­ticamente intactos, pero no atinan en muchos detalles que probablemente só­lo tendrán sentido y razón de ser en la pa­labra escrita de Coetzee. Sufren especialmente los personajes, a los que cuesta un mundo creerse o comprender, empezando por el protagonista. Lurie tiene pinta de ser un tipo muy oscuro y complejo, pero el esquematismo con el que es tratado en la película provoca que trans­mita una sensación cargante y artificial. Nos repite él mismo constantemente sus angustias y motivaciones, citando constantemente de forma pedante a Lord Byron, pero se antoja falso e impostado cuando le vemos en acción o relacio­nándose con otros personajes, especialmente con la alumna. Aún resulta más ines­crutable la hija (interpretada por otra parte de manera admirable por la debutante), quien pese a tener una importancia capital en el relato se hace verdaderamente imposible entenderla, hasta el punto de llegar a la frus­tra­ción. Con todo, aunque a la historia le pe­se su excesivo bagaje literario, la película guarda cierto interés.

J. C. Matossian