Destino: Woodstock

Ang Lee recrea el célebre concierto usando la ficción y el tono cómico para dar peso y atractivo a una historia con muy poca sustancia


Destino: Woodstock | Del 15 al 17 de octubre de 1969

Para muchos, incluso para la mayoría, Woodstock no dice nada, o si acaso, recuerda un concierto en agosto del 69. Allí actuaron los grandes de la época, como Bob Dylan. El documental dirigido por Michael Wadleigh y montado por Martin Scorsese, premiado con el Oscar en 1970, añade una dimensión épica al mostrar la muchedumbre, más de medio millón de personas, jóvenes en su mayoría, en una improvisada acampada, creando y resolviendo problemas de logística.

En el imaginario Woodstock quedó como un símbolo, tres días de música y paz, en un mundo marcado por Vietnam, mayo del sesenta y ocho, el movimiento hippy, las drogas, la libertad sexual, etc. 40 años después ese símbolo ha perdido su fuerza y su significado. Ang Lee y James Schamus, su guionista habitual, se han esforzado por hacer la crónica de aquellos días y captar el ambiente y el espíritu de lo que fue. No hacen historia, su obra es una comedia ligera, basada en el libro homónimo de uno de los actores, Elliot Tiber. No fue actor principal pero, en su momento, jugó un papel decisivo.

Elliot era un joven artista de Greenwich Village, forzado por las circunstancias a mudarse a un pueblucho del estado de Nueva York, para ayudar a sus padres a sacar adelante su mísero hotel, a punto de ser embargado. Mientras tanto ocupa el puesto de presidente de la Cámara de Comercio del pueblo. En aquellos días se iba a celebrar un festival de música rock en una localidad cercana, pero las autoridades, por miedo a una avalancha hippy, les retiran el permiso. Elliot aprovecha la ocasión y se pone en contacto con los organizadores, invitándoles a reunirse en sus tierras.

Ang Lee mantiene un punto de vista secundario todo el tiempo. Su cámara siempre gira en torno a Elliot, que ocupa un lugar privilegiado, aunque menor. Así evoca sensaciones, ver llegar a los organizadores y al público entusiasta, a los detractores y a la policía. Elliot, homosexual, es un joven discreto y lo que ocurre se convierte en su viaje iniciático, al mundo de la droga y del sexo.

Técnicamente Destino: Woodstock es una obra poderosa, con una gran producción para recrear el evento. Lee utiliza el documental de Michael Wadleigh como modelo, imita su recurso a la pantalla múltiple y recrea algunas escenas antológicas como la llegada de las tres monjas al concierto, el baño de barro, o las largas carreteras atascadas; pero no entra en el concierto, sólo se oyen temas de fondo, en medio de aquel gentío.

Lee se dedica a describir y transmitir emociones para dar sentido a todo aquello. Parece complaciente con aquel movimiento juvenil, a la postre ingenuo, carente de objetivos y con mucho de desmadre, pero también es crítico con ello, como muestra el diálogo del final: “Es el centro del universo” dice una chica a Elliot quien responde: “Con un poco de perspectiva no será más que una anécdota”.

Una obra didáctica, útil para explicar una época y un acontecimiento, pero no es una película comercial, ni mucho menos, a pesar de haber optado por la ficción y el tono de comedia.


Lo mejor: El esfuerzo de producción.

Lo peor: La superficialidad del guión.

Destino: Woodstock (Taking Woodstock, 2009)

Ang Lee James Schamus Eric Gautier Tim Squyres Danny Elfman  Demetri Martin, Imelda Staunton, Emile Hirsch, Liev Schreiber, Jonathan Groff, Dan Fogler, Henry Goodman, Paul Dano, Eugene Levy, Jeffrey Dean Morgan Universal 110 minutos Adultos

Reseña Panorama
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.