Donde viven los monstruos: Los aciertos compensan los fallos

Tras un enfrentamiento con su madre, Max, un niño travieso e imaginativo, escapa de casa y llega a la isla donde viven los monstruos. Estos son criaturas enormes y peludas, que primero piensan comérselo y después lo hacen rey. Max descubrirá que reinar no es fácil. También echa de menos su casa.

Donde viven los monstruos es la segunda adaptación del célebre libro de Maurice Sendak (célebre en el mundo anglosajón, donde la película se ha recibido con entusiasmo); mucho me temo que un público no preparado la reciba con menos agrado. El libro, un texto breve -nueve pequeños párrafos- acompañado de bellísimas ilustraciones, es una pequeña fábula sobre el refugio en la fantasía, los arrebatos y el lado oscuro de todo niño (en el libro Max es castigado a la cama sin cenar, y es su habitación la que se convierte en una jungla poblada por los monstruos del niño), la necesidad de amor y la seguridad del hogar.

En 1973, Gene Deitch realizó una bella adaptación de casi siete minutos que anunciaba un futuro largometraje de animación. Ese proyecto estuvo en manos de Disney, de Pixar, y no llegó a hacerse. En su lugar está la presente película de Spike Jonze.

El director ha realizado un trabajo notable y curioso a la vez: ha mezclado personajes rea­les con espectaculares muñecos del taller de Jim Henson (The Muppet show), y ha ampliado la historia dando profundidad a los personajes. Ahora Max tiene una hermana, y su madre -divorciada- tiene novio, lo cual influye en el carácter de Max. Por otra parte, los monstruos dejan de ser planos, cobran profundidad y expresividad, tienen sentimientos y aspiraciones. Cada uno de ellos será influido e influirá en Max, quien descubrirá que ser rey no es un juego y querrá hacer las cosas bien, lo que en definitiva es la materia de todo buen cuento infantil.

El resultado final es atrayente, si bien no es un éxito absoluto. La historia de Jonze y su guionista Dave Eggers es algo sombría y parece más adecuada para adultos que para niños, o tal vez para adultos que leyeron el libro de niños. La realización es impresionante, con una mezcla perfecta de personajes reales, marionetas y efectos digitales. Las voces de los monstruos (al menos en el original) son geniales y ayudan a configurar su personalidad. Ahora bien, la película es fría, al espectador le cuesta entrar, y también se hace larga.

Notable realización, algo extraña, que encantará a los que conocen el libro. Aun­que no sea redonda, sus aciertos son mucho más impresionantes que sus fallos.

El libro fue convertido ópera por el compositor Oliver Knussen (1980) y en ballet por el coreógrafo Randall Woolf (1997).


La puesta en escena.

Que la historia añadida sea tan sombría.

Ficha Técnica

  • EE.UU. (Where the Wild Things Are, 2009)
  • Lance Acord
  • James Haygood, Eric Zambrunnen
  • Karen O, Carter Burwell
  • Warner
  • 100 minutos
  • Jóvenes
Reseña
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.