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Dos días, una noche [7]

Los hermanos Dardenne vuelven a mostrarnos un drama social en el que lo humano es más importante que lo meramente económico.

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  Dirección y guión: Jean-Pierre y Luc Dardenne Fotografía: Alain Marcoen Montaje: Marie-Hélène Dozo Intérpretes: Marion Cotillard,  Fabrizio Rongione,  Catherine Salée,  Olivier Gourmet,  Christelle Cornil. Duración: 95 min. Distribuidora: Wanda Público adecuado: +12 años

Deux jours, une nuit. Bélgica, Francia, 2014.  Estreno en España: 24.10.2014

Creo en ti

Los hermanos Dardenne (El niño de la bicicleta, 2011; El hijo, 2002;…) siempre nos han ofrecido una mirada social humanista que suaviza la ideología de Ken Loach y entronca mejor con el neorrealismo italiano. De hecho, este film triunfador del Festival de Sidney, tiene muchos parecidos con Ladrón de bicicletas de Vittorio de Sica (1948). Y es que el argumento tiene un cierto paralelismo con aquella memorable obra: Sandra recorre las calles de su ciudad, acompañada de su marido, buscando a sus compañeros de trabajo para rogarles que renuncien a sus bonos para que ella pueda mantener su empleo. Ella acaba de salir de una enfermedad mental, y necesita su trabajo para mantener a su familia. Todos los personajes, de clase trabajadora se enfrentan al mismo dilema: si cobran menos, Sandra conservará su puesto. Pero todos necesitan el dinero.

Esta dialéctica solidaridad-individualismo está llevada con sensibilidad y elegancia por los hermanos Dardenne, sin caer en fáciles caricaturas y haciendo del matiz su seña de identidad. No hay buenos y malos. A diferencia de Loach, el antagonista no es el capitalismo abstracto, sino el egoísmo latente en cada corazón.

La película corre el riesgo de ser tediosa, al repetir el esquema de las visitas a los compañeros, una a una, durante todo el metraje. Pero la inconmensurable Marion Cotillard, una de las mejores actrices dramáticas de lo que va de siglo, despeja ese peligro y convierte el film en un periplo urbano magnético y conmovedor. La película es un festival de planos cortos de una mujer sufriente que lucha por recuperar su amor por sí mima, y de un marido incondicional que con sobriedad encarna el amor verdadero.

La cámara obedece el principio rosselliniano de seguir de cerca al personaje en su vagar por el mundo en busca de una redención; una redención que en este caso le puede llegar -o no- de la solidaridad y afecto de sus compañeros, seres humanos frágiles y con problemas como ella. La película arranca con un primer plano de Sandra dormida, agotada, postrada. El último plano, como el de Tiempos modernos de Chaplin, muestra a una mujer erguida, caminando, con todo el horizonte del mundo por delante. ¿Hay una forma más hermosa y cinematográfica de mostrar el arco de transformación del personaje?

Juan Orellana

Juan Orellana
Juan Orellana
Profesor de Narrativa Audiovisual. Escritor