Ebrio de mujeres y pinturas

Ebrio de mujeres y pinturas: Pinturas magistrales, y desdibujado ser humano

Ebrio de mujeres y pinturas | Probablemente poca gente se acuerda de que esta película ganó la Palma de Oro a la mejor dirección en el Festival de Cannes, en 2003. Porque además de los años pasados, el cine coreano y sus nombres nos son todavía lejanos en el conocimiento. Y sin embargo es así, premio de dirección, premio reconocible y aceptable a la vista -sobre todo a la vista- de la película.

Cuenta la historia de Seung-up, pintor coreano del siglo XIX. Quien -se nos dice en el film- fue, además de autor de obras que forman parte de la historia del arte coreano, muy celebrado en su tiempo, y, en su última etapa, un innovador.

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Que el programa de mano diga que apenas hay datos sobre este pintor, sólo sirve para corroborar que a través de la película tampoco conocemos a Seung-up. A pesar de que la historia se centra en este personaje, su personalidad queda desvaída e incoherente o inconsistente. No hacía falta decir que no hay datos, sino que el guión creara un personaje: ante una figura humana sólida nadie replicaría su falta de parecido con el Seung-up real: si no hay datos sobre él… su pintura es su personalidad.

El director -premio razonablemente merecido- hace confluir todo lo hermoso, y que armonice con la obra pictórica. Pocas veces se ven, y desde tantos encuadres y ritmos y luces, tan bellos paisajes. Y objetos, con colores y luces deslumbrantes, o con sencillez lírica y poética. Tránsitos de unas escenas a otras siempre interesantes. Capta la atención y la mantiene a pesar de lo dicho, y a pesar de sus 117 minutos.

Y a pesar sobre todo de que el actor es un tipo físico abotargado nada dúctil ni expresivo -hace juego con lo estólido de sus acciones y decisiones y deseos-, el director, con su arte, casi consigue hacer olvidar la insustancialidad del guión y la gorda hinchazón del actor, del que sólo por un loco disparate de la naturaleza podría ser en la realidad el autor de tanta belleza pictórica. Quizá para cumplir con la primera parte del título -«ebrio de mujeres»-, hay alguna escenita «ad hoc», pero que parece para eso: para cumplir con el título. Y el director escamotea todo lo que puede -digámoslo así- las patateces sexuales de este viejo tonel de actor con jóvenes mujeres de cuento oriental…
Kwon-taek es un maestro. Aunque aquí el gran público «de taquilla» apenas le conozca, eso no disminuye un ápice su categoría creadora. Y su extensa obra: nacido en 1936, ha realizado desde 1973 no menos de veinte películas; muchas, presentadas y premiadas en festivales europeos y de América y Canadá.

Pedro Antonio Urbina


Ebrio de mujeres y pinturas

País: Corea del Sur Dirección: Im Kwon-taek Guión: Kim Young-oak, Im Kwon-taek Fotografía: Jung Il-Sung Montaje: Park Soon-dook Música: Kim Young-Dong Intérpretes:Choi Min-sik, Yoo Ho-jung, Ahn Sung-ki, Kim Yeo-jin, Son Yae-jin, Han Myung-goo, Jung Tae-woo Distribuidora: Vértigo