El agente topo: Un Bogart de la tercera edad

· Crítica de El agente topo | Estreno 18 de marzo de 2021.
· Si Shakespeare afirmaba en Macbeth que la vida no es más que una hora sobre el escenario, esta película se fija en el último cuarto de hora, en el tiempo de descuento.

Maite Alberdi hace una entrañable radiografía social adentrándose en los pormenores de una residencia de ancianos.

Cuando la directora chilena Maite Alberdi (Santiago, 1983) se planteó realizar un documental sobre una residencia de ancianos en su país, pensó que lo que iba a descubrir era toda suerte de maltratos y situaciones vergonzantes, pero lo que encontró fue una realidad bien distinta. Un mundo que ni es lujoso ni brilla, pero que es rico y tiene luz propia.

El agente topo fue premiada en el pasado Festival de San Sebastián con el Premio del Público Ciudad de Donostia a Mejor Película Europea y está nominada al Oscar como Mejor Documental. Y quizá algún día se estudie en las escuelas de cine, y no tan de cine, como ejemplo de cómo hablar de algo molesto y espinoso sin hablar directamente de ese algo. ¿Cómo se puede hablar de algo en principio tan aburrido como es la soledad y el abandono? ¿Cómo hablar de la vejez, del paso y el peso de los últimos días? Temas todos ellos que no suelen acaparar mucho interés por parte de los programadores televisivos. Quizá hoy día nadie más que Clint Eastwood esté rodando películas de éxito cuyos protagonistas sean octogenarios y dentro de poco nonagenarios. Si Shakespeare afirmaba en Macbeth que la vida no es más que una hora sobre el escenario, esta película se fija en el último cuarto de hora, en el tiempo de descuento.

Alberdi parte de una idea muy noir para centrar su película. Un detective busca a un anciano para que ingrese en un geriátrico e investigue la suerte de una residente. El elegido es Sergio Chamy, un tipo noblote y tranquilo de 83 años, más cercano en su conocimiento del mundo de los agentes secretos a Mortadelo que a James Bond, y que a pesar de su aspecto de hombre serio y formal parece levantarse cada mañana bajo el lema de «a la vejez, viruelas».

Alberdi hace un retrato nada complejo en su forma, pero sí en su fondo. Dejando paso a la emotividad y que la ternura tome la pantalla. Ayudándose de una hermosa fotografía que huye de la apariencia del reportaje de denuncia para darle un carácter más cinematográfico y humano. Poniendo la cámara ni demasiado cerca ni demasiado lejos, en ese punto intermedio donde se alcanza a ver la lágrima, sin que el objetivo golpee el rostro del personaje en cuestión.

De todos los caminos con los que Alberdi podía abrazar su historia, es el humor el que en principio parece reinar; pero poco a poco las situaciones chocantes, el contraste del que salta la chispa, deja paso a un ritmo más pausado donde se despliegan sentimientos universales. La historia detectivesca va cambiando su foco a la vez que amplía su campo de batalla para retratar a un grupo de almas que parecen aparcadas mientras solo aguardan a que baje el telón definitivo. Y donde un inexperto Bogart de provincias indaga con torpeza pero con encanto antes de que llegue el Sueño Eterno.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Pablo Valdés
  • Montaje: Carolina Siraqyan
  • Música: Vincent van Warmerdam
  • Duración: 90 min.
  • Público adecuado: +12 años
  • Distribuidora: BTeam
  • Chile, 2020
  • Estreno: 18.3.2021
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Reseña
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Escritor de relatos de terror y misterio, y guionista de cine y televisión. Admirador de Ford, Kurosawa, Spielberg y Hitchcock, no necesariamente en este orden