El arca rusa: Un alarde

El arca rusa | Pantalla en negro, la voz en off del director dice “me en­contré, sin saber cómo ni cuándo, en el Hermitage”, el fa­moso palacio de invierno de los zares y uno de los grandes museos del mundo. Y comienza la aventura. Al abrir los ojos, o la cámara, el director descubre que es invisible y que só­lo se da cuenta de su presencia un enigmático personaje, un cínico diplomático francés de co­mienzos del siglo XIX. Este hombre hará de guía, como Virgilio guiara a Dante en la Divina Comedia, y le conducirá en un viaje de 90 minutos a través de las salas y salones del Hermitage. El viaje será a la vez físico y temporal, ya que algunas salas estarán llenas de turistas y curiosos contemporáneos, otras tendrán a oficiales soviéticos caídos en desgracia cuando cayó el régimen, y otras se abri­­rán al siglo XVIII o XIX, y veremos la gloria de Catalina o de Nicolás o Alejandro.

Las reflexiones de unos y otros valen su pe­so en oro y apuntan en una dirección. Es más importante mirar hacia el pasado que hacia el futuro. El director plantea la posibilidad de volver a la monarquía, y se une así a un movimiento que está agrupando a intelectuales rusos de todas las corrientes que reivindican un pasado presoviético.

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La película El arca rusa técnica­men­te se trata de un alarde: está rodada en tiempo real, en un solo plano secuencia de 90 minutos.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Tilman Büttner
  • Montaje: Stefan Ciupek
  • Música: Sergei Yevtushenko
  • Distribuidora: Indisa
  • Estreno en España: 07.05.2004

Rusia/Alemania, 2002

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Reseña
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.