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El discurso del rey

El director de The Damned United rueda una magnífica cinta, con un soberbio Colin Firth interpretando a un monarca tartamudo.

The King’s speech, 2010 País: Reino Unido Dirección: Tom Hooper Guión: David Seidler Fotografía: Danny Cohen Montaje: Tariq Anwar Música: Alexandre Desplat Intérpretes: Colin Firth, Geoffrey Rush, Helena Bonham Carter, Guy Pearce, Timothy Spall, Michael Gambon Duración: 118 m. Público adecuado: +12 años Distribuidora: DeAPlaneta Estreno en España: 22.12.2010 

Dos Oscar para Firth

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Tras la muerte de su padre, el rey Jorge V, y la escandalosa abdicación de su hermano, Eduardo VII, Jorge VI asciende al trono bri­tánico. A las puertas de una nueva guerra mundial, el rey tendrá que gobernar mien­tras lucha con un angustioso tartamudeo que arrastra desde pequeño y que le im­pide hablar en público.

En su anterior película, la destacable The Damned United, el británico Tom Hooper de­mostró dos cosas: que se le da muy bien re­tratar en la pantalla las relaciones de amis­tad, y que una simple anécdota puede ser­vir para construir una buena película. Por­que, desengañémonos, El discurso del rey, que ga­nó el Festival de Toronto y que se presen­ta como una de las favoritas para los Oscar, lo que cuenta es algo tan poco apasionante so­bre el papel como la relación de un señor tar­tamudo con su logopeda. Que el tartamu­do sea un rey y el logopeda un profesional muy dado a utilizar métodos poco ortodo­xos añade algo de interés… pero no el su­ficiente. Sin embargo, con este punto de par­tida casi anecdótico, Hooper consigue le­vantar una entrañable historia de amistad y una interesante reflexión sobre la respon­sa­bilidad moral de los gobernantes. Es difícil encasillar en un género esta vigorosa pe­lícula -aguanta de sobra las dos horas que dura-, que empieza siendo un melo­dra­ma casi intimista para convertirse después en una solvente cinta de cine histórico y po­lítico.

Hooper debió comprobar en su anterior tí­tulo que los mimbres para armar este tipo de películas son un buen guión y un buen pu­ñado de actores. La escritura es impecable y se nota un trabajo profundo de recons­trucción histórica y reflexión -sociológi­ca, filosófica, ética y religiosa- sobre una épo­ca. Desde las primeras visitas del monar­ca al logopeda hasta el poderoso final, la historia va menudeando datos que compo­nen un retrato muy humano de la mayoría de los personajes. En cuanto al reparto, ver desfilar a Helena Bonham Carter sin dis­fraces burtonianos es un placer. Geo­ffrey Rush, Michael Gambon y Timothy Spall están magníficos, pero el que da la no­ta es Colin Firth.

Hay que ser un actor enor­me para afrontar con éxito la difícil tarea de convertir a un tartamudo en héroe. Era muy fácil caer o en el hieratismo -si al mo­narca no le hubiera importado su enferme­dad- o en el histrionismo y en la exagera­ción -si realmente le angustiaba el tema, que es lo que refleja la película-. Es difícil man­tener el equilibrio y construir no sólo un monarca convincente, sino un sólido líder político en un tiempo de crisis. En defi­nitiva, lo que hace Firth en El discurso del rey es extremadamente complicado, casi imposi­ble… y sin embargo le sale y de forma sobre­saliente. Dicen que es una actuación de Os­car. Se quedan cortos.