El Dragón Rojo

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El Dragón Rojo: La noche del cazador

Hunter (1987) fue la primera de las películas basadas en los personajes de Thomas Harris. La película de Michael Mann pasó sin éxito por las taquillas. Años después vino Jonathan Demme con El silencio de los corderos (1990) y la convirtió en un clásico del horror. Este director se devanó los sesos para contar una historia truculenta con una inteligencia poco común en este tipo de cine.Demme partía de la premisa de que da más miedo imaginar que ver. Así nos ahorró un montón de violencia que era narrada por los personajes o se mantenía fuera de cámara. En el 2001 fue Ridley Scott con su Hannibal, quien también devanó algunos sesos, pero en este caso no acertó ni en la forma ni en el fondo. Su película era de una violencia insoportable relatada en primer plano. Su principal error partía ya de la novela: llevar toda la historia a Florencia. El lector me perdonará la relación de ideas, pero este hecho siempre me recordó a cuando en Scarlett, la penosa continuación de Lo que el viento se llevó, toda la acción se traslada a Irlanda, un grave error. Escarlata debió permanecer siempre en la tierra roja de Tara, y Hannibal pasear su tara mental y su bocaza roja de sangre por las celdas del norte de Estados Unidos.

Ahora, en El dragón rojo, la acción retrocede sobre sus pasos. Brett Ratner vuelve a contarnos la misma historia que en Hunter, es decir, lo ocurrido justo antes de El silencio de los corderos. Y ha tomado buena nota del trabajo de Jonathan Demme más que del de Scott. De un director como Ratner, especializado en el cine de acción – El dinero es lo primero (1997), Hora punta (1998)-, se podría haber esperado lo peor, sin embargo quizá Dino de Laurentis o más concretamente Martha, hija del famoso productor italiano, le haya leído la cartilla. La película es menos confusa que las anteriores, y su trama es más clara y fácil de seguir. Permite que el espectador ponga de su parte en lo referente a los crímenes, apartándolos en ocasiones de la pantalla. Da profundidad a los personajes y les deja defender sus respectivos papeles. Eso sí, se echan de menos más encuentros entre Norton y sir Anthony, pero esto no es tanto culpa del director como del guión. Es una pena, pues era dinamita aquel canibalismo verbal, aquellos diálogos entre Lecter y Clarice en el que el primero fagocitaba los recuerdos de la joven agente del F.B.I., en el que el lobo se comía a Caperucita y a sus mudos corderos.

El personaje principal es un policía que carga con sus miedos y su lógica a la búsqueda de asesinos en serie. Edward Norton, como el agente Graham, demuestra que es uno de los actores americanos más en forma. Él recoge el relevo de Jodie Foster más que de Julianne Moore, y se aplica donde se mueve bien la serie: en la creación de personajes que deben de vencer su debilidad. Hannibal pasa a un segundo plano y esto, aunque en principio parezca lo contrario, es un acierto. Sin duda, el personaje de Hannibal el caníbal gana enteros cuando está atado o encerrado en su celda y cuando no es el protagonista sobre el que se urde la acción. Porque de sobra sabe Anthony Hopkins que a su personaje hay que mostrarlo en pequeñas dosis e interpretarlo con los ojos. Toda su maldad y locura se concentra ahí, en sus pupilas .

Siguiendo la novela de Harris, el guionista Ted Tally ha vuelto a cogerle la medida a la historia hilvanando bien las diferentes tramas, y escribiendo un interesante personaje marginal al que debe buscar el agente Graham: un personaje complicado, oscuro demente, atormentado y tatuado, que hace maldades las noches de luna llena. Le da vida un sobrio Ralph Fiennes, que supera la fácil tendencia a la sobreactuación y sale airoso del compromiso, logrando interiorizar un buen montón de traumas infantiles.


El Dragón Rojo

Estreno EEUU 2002. Estreno en España 25 Octubre 2002.

Dirección: Brett Ratner Guión: Ted Tally Fotografía:Dante Spinotti Música: Danny Elfman Intérpretes: Edward Norton,Anthony Hopkins, Ralph Fiennes, Emily Watson, Philip S. Hoffman, Hervey Keitel, Mary Louise Parker