El erizo: Cine elegantemente inteligente

En el año 2006 Muriel Barbery, una joven profesora francesa de filosofía, publicó La elegancia del erizo, una inteligente novela apoyada en dos sorprendentes personajes: Renée, la portera de un inmueble de lujo que, bajo su apariencia vulgar, es una mujer ilustrada que dedica sus horas libres a leer literatura y filosofía, y Paloma, una joven inquilina de inteligencia preclara que a sus doce años ha decidido poner fin a su vida y está planeando su suicidio. La novela vendió más de un millón de ejemplares en Francia, se encaramó durante 30 semanas a la lista de libros más vendidos y ha sido traducida a 30 lenguas.

Con este valioso material la joven realizadora parisina Mona Achache ha rodado una opera prima sobresaliente. Y no era fácil, porque la novela es, en el fondo, un amplio tratado filosófico sobre cuestiones como el sentido de la vida, la amistad o la soledad, y una lúcida crítica social escrita en forma de diálogo interior de dos personajes.

Llevar a la pantalla grande la riqueza de dos mundos interiores tan complejos y diferentes podría haber terminado en un pastiche intelectualoide o en una representación de teatro del absurdo. No es así. A partir de un sencillo pero eficaz truco de guión que no está en la novela –Paloma decide filmar una película antes de suicidarse-, y un desplazamiento del punto de vista -en la novela hay dos, en la cinta uno-, Achache sienta las bases de una película discursiva (como en el fondo son todas las francesas), pero muy poderosa desde el punto de vista audiovisual por la planificación, el ritmo, el montaje y las interpretaciones. Unas interpretaciones “naturales” en medio de la afectación del texto literario, fruto de un soberbio casting y de una maravillosa dirección de actores.

Cine inteligente, de fondo agridulce y visión melancólica. Un poco cartesiano y de pose materialista. Sólo de pose, porque frente a la proverbial falta de trascendencia del cine francés, El erizo flirtea con la idea de que, pese a la pobre condición de los mortales, quizás seamos algo más que animales ilustrados, quizás haya algo más.

Y las pruebas que dan sentido a la vida podrían ser el arte o la belleza o más probablemente la amistad, la amabilidad, ese algo que hace que un vecino rico y elegante invite a cenar a su casa a una portera que, pese a su aspecto, es tan elegante como él.


El guión, los actores, la historia, todo.

Que aún no se haya escrito la segunda parte de la novela.

Ficha Técnica

  • Francia (Le Hérisson, 2009)
  • Patrick Blossier
  • Julia Grégory
  • Gabriel Yared
  • Alta Classics
  • 100 minutos
  • Jóvenes
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