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El fantasma de la ópera

Dirección: Joel Schumacher Guión: Joel Schumacher, Andrew Lloyd Webber Fotografía: John Mathieson Montaje: Terry Rawlings Música: A. Lloyd Webber Intérpretes: Gerard Butler, Emma Rossum, Patrick Wilson, Minnie Driver, Miranda Richardson Distribuidora: Aurum

EE.UU.-Reino Unido, 2005. Estreno en España: 22.12.2004

Opereta musical

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Apriori no parece Joel Schumacher el adecuado para dirigir El fantasma de la ópera. Si recordamos anteriores trabajos suyos -El cliente, Última llamada, Batman & Robin, 8MM…-, en ninguno de ellos, ni por el tema ni por su tratamiento, ha dado muestra de una especial sensibilidad artística. Sin embargo, aquí le tenemos como director y co-guionista. Guionista con An­drew Lloyd We­bber, autor de la música de este Fantas­ma de la ópera convertido en musical, sólo en musical. No, no tiene la altura o vuelo de una ópera este Fantasma de la ópera, valga la “contraredundancia”.

Supongo que Schumacher se habrá visto constreñido o habrá estado limitado por la intervención de Lloyd Webber en el guión, sometido lógicamente al desarrollo de la partitura y del libreto. Y a su vez, esta partitura musical puede limitar la creatividad del director, no por ser música, sino por ser “esa” música. La novela de Gaston Leroux es de 1911, y desde entonces no ha cesado de ser recreada y adaptada. Al cine, unas veinte veces. Los nostálgicos cinéfilos nom­bran siempre al actor Lon Chaney co­mo Erik, en la versión de R. Julian (1925).

La música de Webber no permite grandes vuelos, ni dramáticos ni de ningún tipo. La obra de Leroux sí que los permite, pues los tiene: Erik el Fantasma posee la envergadura de un príncipe Segismundo de La vida es sueño que, al mismo tiempo, fuera un don Juan Tenorio de Zorri­lla, o un Faus­to de Goethe. En esta película este es el único personaje que se acerca a la grandeza, quizá por la catego­ría personal del actor Gerard But­ler, y quizá porque la música para este personaje es menos melíflua. Como se sabe, al la­do de don Juan está do­ña Inés, y al lado del Dr. Fausto está Mar­ga­rita; pero la Christine de la película, que debería ser como ellas, se queda en un “cris­tinita” de organdí rosa, así como su otro pretendiente, el verditierno Raoul, vizconde de Cag­ny, y los demás personajes y el entorno. No hay fuerza ni profundidad.

Es cierto que el final y el desenlace cobran cierta fuerza, pero hay que esperar dos horas (dura dos y media). Tampoco digo que lo “light” sea repugnante, ni lo descafeinado ni lo rebajado de sabor. Digo que pu­diendo, y quizá debiendo, ser un plato fuerte, un drama grandioso, no lo es. Con esta calificación de la música quedan calificados los personajes, su poca entidad, que obliga a interpretaciones superficiales o tópicas. Y los decorados omnipresentes -la luz es muy plana, o si hay sombras tienen poco misterio- son tan espectaculares como postizos, y a veces cursis hasta el ahogo.