El fuego de la venganza: Descontrolada

La ciudad de Méjico es el paraíso de los secuestradores. Cada día desaparecen varias personas. A muchas de ellas no se las vuelve a ver. Las familias pudientes pagan grandes sumas a empresas de seguridad para protegerse. La familia Balleto, venida a menos, no puede seguir pagando una buena protección y acude a un antiguo marine llamado Creasy (Denzel Washington), para cuidar de su hija. El viejo marine es un hombre que ha perdido la esperanza y la ilusión de vivir, a causa de los horrores que ha visto y cometido en su vida de agente antiterrorista. Tampoco está ilusionado por su nuevo trabajo, un asunto temporal y puramente alimenticio; pero el trato con la niña empieza a devolverle ganas de vivir.

La última película de Tony Scott (Spy game) no está lograda; sin ser un fracaso no es un logro. Su principal problema es un excesivo metraje: 146 minutos para una historia que se puede narrar en 90, de lo que se desprende que hay casi una hora de rellenos que terminan cansando. Hay quienes dicen que el arranque es muy bueno y al final se hace pesada. No comparto la opinión. El arranque, el medio y el final adolecen del mismo exceso de metraje, pero al inicio de la película uno no está cansado, a medida que transcurre el tiempo uno va sintiendo el peso de los minutos de más. ¿Dónde se encuentran? En las redundancias: vídeo clips sobre la ciudad, repeticiones de diálogos (Creasy está alcoholizado y hay que enseñar la botella continuamente para que no se olvide el espectador de que es un bebedor); Creasy está amargado y se lo tiene que contar a su mejor amigo, y luego mostrarlo en imágenes, y luego repetir el diálogo con su mejor amigo, y éste contarlo por ahí para que el espectador se entere y le quede claro. Y eso, ¿qué significa? O bien que el director no confía en su capacidad de narrar, o en la del público para entender.

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La cinta tiene dos partes claramente diferenciadas. En la primera vemos a Washington haciendo un gran papel en el que interpreta al hombre incapaz de perdonarse a sí mismo; el encuentro con la niña -¡qué grande es la pequeña Dakota!- cambia su vida. La segunda es una historia de acción convencional, llena de explosiones y de gratuidad. La idea de partida, la redención a costa de un sacrificio, es atrayente, pero queda diluida en medio de una multitud de elementos ajenos. En definitiva, la película se deja ver pero queda como algo prescindible.


El fuego de la venganza (Man of fire)

  • País: EE.UU.
  • Año: 2004

Ficha Técnica

  • Fotografía: Paul Cameron
  • Montaje: Christian Wagner
  • Música: Harry Gregson-Williams
  • Distribuidora: Fox
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Reseña
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.