El Grinch

CRÍTICA El Grinch: ¡Feliz Navidad!

YA es Navidad en Hollywood. La maquinaria del cine comercial empieza a carburar ante uno de sus mercados preferidos. Y para tirar del inmenso trineo esta vez ha escogido a un millonario reno: Jim Carrey. El resultado es El Grinch, una versión de El espíritu de la Navidad con un valioso alegato contra el materialismo.

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Ron Howard (Dulce hogar… a veces, Cocoon, Llamaradas, En el corazón del mar) ha creado alrededor de Carrey un brillante mundo de fantasía, con sugerentes decorados y atrezzo y poblado por los Quien. Son éstos unos felices seres que viven hipnotizados por una versión falsa de la Navidad, convertida en un avaricioso carrusel de regalos y concursos (los mejores adornos, el mejor pudin, la elección del Alegre Maestre…). Todos esperan excitados la llegada de la Navidad. Bueno, todos menos… El Grinch.

El Grinch es un Quien feo y peludo que vive aislado en una alta montaña. Todo el sentido de su existencia se reduce a odiar a los Quien y a la Navidad. Sólo una niña, en desacuerdo con el superficial concepto de la Navidad de sus semejantes, podrá remover en su interior las cenizas de su dormido espíritu de la Navidad.

En definitiva, la misma historia de siempre. Una historia que, milagros del corazón humano, sigue y seguirá humedeciendo los ojos de los espectadores. Los niños, además, disfrutarán del gesticulante y efectivo (aunque a veces más grosero que ingenioso) Carrey en el papel del Grinch. Además, aprenderán que la Navidad es algo más que regalos y fiestas.

Y los mayores podrán pasar un rato agradable si consiguen aguantar la repelencia abusiva de la marisabidilla protagonista. En cualquier caso, ellos (sus niños) les agradecerán el esfuerzo.

El Grinch. País: EE.UU. Dirección: Ron Howard. Guión: Peter Seaman, Jeffrey Price Intérpretes: Jim Carrey, Taylor Momsen, Jeffrey Tambor