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El hilo invisible

Crítica de la película

Historia de romance gótico, al puro estilo Anderson, que cuenta con seis nominaciones a los Oscar

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El hilo invisible

· Como conclusión se podría decir que El hilo invisible es una pe­lícula que -al igual que los buenos vesti­dos- consta de muchas capas.

Cuando Hichtcock quiso vestir de Balenciaga

Con 6 nominaciones -mejor pelí­cu­la, director, actor, actriz de repar­to, vestuario y banda sonora- a los Os­car, la última película del realizador Paul Thomas Anderson (Pozos de ambición, The Master, Puro vicio) es, sin duda, uno de los títulos del año.

El cineasta californiano se ha em­peñado a fondo y ha rodado una pie­za de alta costura. Con tiempo por delante. Con los mejores materiales. Una obra mimada al mínimo de­talle.

Como cuenta el propio Anderson, su idea original era recrear el uni­verso de Rebecca, la mítica película de Alfred Hitchcock. Un ro­mance gótico, una historia de amor en un entorno terrorífico (¿recuerdan Manderley?) protagonizada por tres personajes. Mientras daba vueltas a sus ideas, descubrió una bio­grafía de Cristóbal Balenciaga y le interesó el universo del diseñador vas­co y su modo -casi monacal- de en­tender el trabajo. Balenciaga le lle­vó a otros diseñadores como el bri­tánico Charles James y con eso fue dando forma al protagonista de la película: Reynolds Woodcock, un mo­dista tan genial como meticuloso que, en el Londres de los años 50, se de­dica a vestir a la alta burguesía. La rigidez con la que -tanto él como su hermana- dirigen su casa de costura se quebrará ante la aparición de Alma, una sencilla camarera que pron­to se convertirá en la musa de Woodcock.

Con la historia hilvanada, entró en la película Daniel Day-Lewis. Al con­trario que a Paul Thomas Anderson, a Day-Lewis siempre le había in­teresado la moda y ayudó al director a reescribir el libreto. Por otra par­te, y como suele ser habitual en su filmografía, el actor irlandés se me­tió a conciencia en su personaje. Él mismo cuenta que llegó a deshacer y volver a coser un vestido de Ba­lenciaga de su mujer, la guionista Re­becca Miller. Sea verdad o anécdota tuneada, la realidad es que la in­terpretación de Day-Lewis -que ha anunciado su retirada después de es­ta película- es soberbia. Como lla­ma­tiva es también la actuación de Vicky Krieps en el papel de Al­ma, un personaje tan misterioso e in­tri­gan­te que cualquier cosa que se di­ga sería spoiler.

El hilo invisible
Daniel Day-Lewis protagoniza El hilo invisible (2017), de Paul Thomas Anderson

Muchas capas

Al final, El hilo invisible es una pe­lícula que -como los buenos vesti­dos- consta de muchas capas. Por una parte, la cinta es un bellísimo do­cumental sobre el mundo de la mo­da en el Londres de 1950. El diseñador de vestuario Mark Bridges (The Artist) ha hecho una maravillo­sa labor de reconstrucción de una época y ha diseñado además 50 ves­tidos exclusivos para la pelícu­la (An­derson no quería alquilar ni pe­dir­los a museos: quiso crearlos des­de cero).

Es también un tortuoso, oscuro, difícil y nada condescendiente ro­mance gótico. Una de esas historias de amor que solo puede firmar An­derson.

Y es, por último, una interesante reflexión sobre la relación entre la obra de arte y el artista. ¿Quién con­trola a quién? Es el creador quien controla al arte, o el arte el que controla al creador. O dicho con otras palabras, ¿quién sostiene, al fi­nal, ese hilo invisible que une al autor con su obra? Con otras palabras, cine de alta costura.