El hombre de las mil caras

HOY A LAS 22:30 H. EN LA SEXTA
El cineasta sevillano y su guionista habitual Rafael Cobos, minian al detalle un guion que supera a los anteriores en complejidad y en desarrollo de personajes

El hombre de las mil caras
El hombre de las mil caras

· El estilo documental, con abundante material de archivo, dota a El hombre de las mil caras de verosimilitud. Y el recurso a metáforas y Macguffin contribuye a seguir y cerrar las tramas y la historia.

El hombre de las mil caras: Thriller de despachos

«Ésta es una historia real, pero como todas las historias reales hay alguna mentira porque ésta es la historia de un mentiroso». Así empieza a narrar Jesús Camoens, alter ego del auténtico Jesús Guimerá (piloto en busca de aventuras que fue mano derecha de Francisco Paesa), la historia de la corrupción de los años 90 en España.

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Alberto Rodríguez aborda por encargo su tercer largometraje con esta temática, tras Grupo 7 y La Isla Mínima, un «thriller de despachos» -como lo llama-, que marca los orígenes de la descomposición política y social que vivimos y que «no resultaría extraño encontrar hoy mismo en los periódicos».

El cineasta sevillano y su guionista habitual Rafael Cobos, minian al detalle un guion que supera a los anteriores en complejidad y en desarrollo de personajes. Paesa (Eduard Fernández en estado de gracia) es el principal, auténtica caja china y encarnación de la mentira y de la egolatría, pero cuenta con una serie de coprotagonistas, a los que no cabe llamar secundarios: José Coronado, como Camoens, y Carlos Santos en el papel de Roldán, que resultan muy convincentes, también por esa calva, esa gabardina y esa barriga tan tristes y características de la decadencia del director general de la Guardia Civil. Junto a ellos, otros actores que ponen el contrapunto, y llenan la pantalla, como Emilio Gutiérrez Caba en el papel de espía «de chequera» o Marta Etura, como esposa de Roldán.

Lo que hacen Rodríguez y Cobos en el guion con un material tan complejo como el que se encontraron en el libro original y en las hemerotecas es verdaderamente fascinante. Sobre la base de que «el lenguaje con el que mejor se pueden contar las verdades es la ficción», narran los hechos desde la perspectiva de Camoens, que de alguna manera actúa como guía del espectador en este intrincado laberinto, un personaje ajeno a ese mundo que solo busca aventura y participar del botín, pero que acaba siendo también engañado. Y centran el argumento en un Paesa arruinado tras huir de España en plena crisis de los GAL, por un caso de extorsión, que recibe la visita de Roldán y su mujer para salvar 1.500 millones de pesetas sustraídas al erario público.

Rodríguez se rodea de su equipo habitual. Los diálogos, inteligentes y rápidos, y el ágil montaje de José Manuel García Moyano, marcan el ritmo de la acción junto al apoyo de una banda sonora muy narrativa de Julio de la Rosa, que cubre el arco psicológico de lo lúdico a lo dramático pasando por lo inquietante. La fotografía de Álex Catalán, de paleta deslavada muy de época y alternancia de planos, es como siempre sensacional.

El estilo documental, con abundante material de archivo, dota a El hombre de las mil caras de verosimilitud. Y el recurso a metáforas y Macguffin -el cuadro, el mechero, la llave- contribuye a seguir y cerrar las tramas y la historia dejando al mismo tiempo la sensación circular de que esto de la corrupción no terminará nunca.

No hay épica en los personajes pero tampoco ridiculización. Sí, una mirada irónica y crítica a uno de los episodios más cutres y sangrantes de la picaresca española, pero contado desde uno de los implicados y por tanto sometido también al subjetivismo y a la sospecha. Si a eso añadimos  la reciente salida de las sombras del auténtico Paesa en las páginas de Vanity Fair para reivindicar su protagonismo, el efectismo, la confusión y la actualidad de la película están servidas. Véanla.

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Reseña Panorama
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Cristina Abad
Periodista. Máster en Guion, Narrativa y Creatividad Audiovisual por la Universidad de Sevilla